La importancia de la perspectiva histórica

A menudo basta con mirar las cosas con la debida perspectiva histórica para descubrir que nuestra visión del mundo está altamente sesgada. Con la Historia económica pasa precisamente eso, ya que un análisis a largo plazo pone en evidencia el lugar ocupado por cada nación a lo largo de los siglos.

           


     Una imagen vale más que mil palabras. No por ser una de las frases hechas más conocidas deja de ser cierta en la mayoría de casos y, en el que nos ocupa, bien se podría traducir por un gráfico vale más que mil palabras. En él se nos muestran, de un solo vistazo, la evolución de las principales economías mundiales a lo largo de los últimos 2.000 años, usando como referencia el peso en porcentaje del PIB estimado de cada una de ellas con respecto a la economía global en cada momento. Este gráfico ha aparecido en muchas partes, como por ejemplo en portales como el del Foro Económico Mundial o en la web educativa Clionomía, por lo que tampoco es precisamente una novedad. Sin embargo conviene que nos fijemos en él para tener una adecuada perspectiva histórica acerca de papel jugado por cada civilización a lo largo de estos veinte siglos. De esta manera, analizándolo debidamente, es cuando podemos extraer toda una serie de interesantes observaciones.
  • La primera de ellas es que el gráfico no está a escala, puesto que en el eje horizontal se concede mucha más importancia a los últimos 200 años de Historia, que aparecen representados con gran detalle, que a los 1.800 anteriores ¿Por qué se ha representado de esta manera? Básicamente esta etapa final corresponde con la Revolución Industrial y el inicio de la globalización económica impulsada por el capitalismo moderno, que convirtió el mundo entero en un único espacio interconectado. Es en este periodo cuando la economía deja de crecer linealmente, o dicho de otro modo de manera muy lenta, para hacerlo exponencialmente, que es un crecimiento que se va acelerando cada vez más y más conforme pasa el tiempo (lo que se conoce coloquialmente como "palo de hockey" por la forma de la gráfica resultante). Y es precisamente por eso por lo que la representación se ha distorsionado de esta manera, para poner de relieve los profundos cambios habidos en el peso de las principales economías mundiales desde aproximadamente 1800 en adelante.
  • Ahí es donde vemos el espectacular ascenso de Estados Unidos en estos dos siglos de industrialización y capitalismo. El país ni tan siquiera existía hacia 1750 y cien años después su papel en la economía mundial seguía siendo modesto. Pero todo esto iba a cambiar rapidísimamente hasta el punto de que, para 1950, la economía estadounidense suponía casi el 40% (en términos de PIB) del conjunto de la economía global. Otras grandes potencias industriales de Occidente, como Francia, Alemania (que no se unificó hasta la década de 1870) y en especial Gran Bretaña (la cuna de la Revolución Industrial), también comenzaron a desarrollarse de manera muy notable en ese mismo periodo. Francia era de hecho la principal economía europea a principios del XIX, porque así lo había sido durante siglos, hasta que alemanes y británicos empezaron a tomarle la delantera con la llegada de la industrialización, otro de los grandes cambios a escala regional que en esa época se produjeron. Fueron estas potencias coloniales las que lideraron el desarrollo durante buena parte del siglo XIX, hasta que los norteamericanos las desbancaron aun antes de 1900. Es por eso que podemos decir que el siglo XX fue el siglo americano, ya que el inmenso peso de la economía de Estados Unidos le valió para extender su supremacía a todos los ámbitos y despuntar como la gran superpotencia mundial con el cambio de milenio.
  • ¿Pero qué ocurría antes de la Revolución Industrial? Pues como se puede comprobar las naciones europeas ocupaban un papel casi periférico, por no decir insignificante, en el conjunto de la economía euroasiática, que durante más de 1.500 años estuvo mayormente dominada por las civilizaciones de China y la India. Esto comenzó a cambiar un poco a partir del siglo XVI, cuando los europeos empezaron a colonizar el Nuevo Mundo, con Francia, los Países Bajos, el imperio colonial español o las florecientes ciudades estado italianas como los principales motores económicos en el Viejo Continente. Hasta 1600 tanto Inglaterra como los estados alemanes jugaban un papel prácticamente irrelevante, lo cual cambió drásticamente en apenas dos siglos, pero incluso así la India y de manera mucho más significativa China siguieron siendo economías inmensas hasta bien entrado el siglo XIX. India sería absorbida por el Imperio Británico y, con los recursos de la primera, el segundo se convirtió en toda una gran superpotencia global. El declive chino se inició especialmente a partir de 1850, conforme los europeos fueron cosechando los frutos del progreso científico e industrial, hasta el punto de que a mediados del siglo XX el peso de su economía con respecto al total se había contraído tanto que bien se podía decir que el país asiático había sido arrojado a la marginalidad.
  • Otros cambios importantes tuvieron lugar durante el siglo XX y en especial hacia mediados del mismo, como podemos ver en los casos de Japón y Rusia. El despegue nipón se produce sobre todo a partir de 1950, lo cual ha hecho que a día de hoy siga siendo una de las principales economías del mundo. Pero quisiera resaltar el caso ruso, que en tiempos de la Unión Soviética experimenta un importante despegue económico tal y como muestra el gráfico. El peso de su economía se hace especialmente visible entre el periodo 1915 a 1980, que coincide mayormente con el del régimen comunista. Esto es especialmente llamativo desde la perspectiva de la actual ortodoxia neoliberal, que siempre asocia el modelo de economía dirigida y fuertemente controlada por el Estado, tan propia del socialismo, con estancamiento económico, ineficiencia y subdesarrollo. Una vez más vemos que esto no fue así en el caso soviético, cuyo modelo de desarrollo la convirtió en una de las más potentes economías del mundo durante la segunda mitad del siglo XX. Naturalmente seguían sin estar a la altura de Estados Unidos, pero los rusos también se subieron al tren del desarrollo a toda máquina que tuvo lugar especialmente en las décadas de los 50 y 60. Y aún más, la drástica contracción de la economía rusa se aprecia muy bien a partir de 1990, con el colapso de la Unión Soviética y la introducción en el país del modelo económico neoliberal.
  • Como última observación cabe destacar el regreso de China a la primacía económica, algo que viendo el gráfico se puede entender mejor. De esta perspectiva tal ascenso no es un proceso sorprendente dentro del orden mundial, sino más bien una constatación de una tendencia histórica en la que China ha ocupado casi siempre un papel preponderante. Si dominaron en el pasado durante siglos no sería de extrañar que también lo hagan en el futuro, sólo que ahora según los parámetros de nuestra actual civilización industrial y tecnológica. No es desde luego nada descabellado y, por lo que parece, los chinos pronto estarán en condiciones de desbancar a Estados Unidos como primera potencia económica mundial. Algo parecido le está pasando a la India, que pugna con Japón por ser la tercera economía del planeta, regresando así al puesto destacado que históricamente había ocupado.                                
     Como conclusión a todo esto echemos un vistazo a las mayores economías de la actualidad. Al hacerlo vemos como entre las cinco primeras hay tres naciones asiáticas (China, India y Japón), además de Estados Unidos y Alemania, que ocupan el primer y quinto puesto respectivamente. Asia fue el centro económico mundial en el pasado y, por lo que parece, vuelve a serlo en el siglo XXI. No es algo revolucionario, más bien se diría que las aguas han regresado a su cauce después del particular paréntesis de supremacía europea. Bien es verdad que países como Francia, Reino Unido, Italia o incluso España figuran como otras economías de cierta relevancia. Pero se encuentran incluso por detrás de Rusia y, en comparación con los tres primeros, hasta parecen insignificantes.

     Muchas veces no nos damos cuenta de lo sesgada que puede estar nuestra visión de la Historia, en el sentido de que a menudo peca de un excesivo eurocentrismo. La Historia Universal es en esencia la Historia europea o, para ser más exactos, la de la Civilización Occidental. El resto de culturas ocupa un papel periférico y sólo pasan a formar parte del devenir histórico en el momento en que Occidente las integra en su mundo globalizado, si bien siguen estando en un muy discreto segundo plano. Volviendo una vez más sobre la gráfica, y obviando que sobredimensiona los siglos XIX y XX para visualizar mejor las trasformaciones que entonces tuvieron lugar, vemos como las naciones del occidente europeo se han encontrado en la periferia del mundo civilizado de Eurasia durante la mayor parte de los últimos 2.000 años de Historia. Para los avanzados pueblos asiáticos de aquellos tiempos los europeos no eran más que "esos bárbaros que habitaban en los confines del mundo conocido". Sí, estuvo el Imperio Romano, una civilización extraordinaria y refinada dirán muchos. Pero incluso así hay que tener en cuenta que fueron las provincias orientales de aquel imperio (en Asia y también en África) la parte más rica y desarrollada del mismo, mientras que su parte occidental (Hispania, la Galia o Britania) era considerada un territorio conquistado a los salvajes, fuente únicamente de esclavos y recursos naturales. Y fue de hecho esta parte occidental la que sucumbió a las invasiones germánicas, sumergiéndose más tarde en la oscuridad del medievo temprano, mientras que el Imperio de Oriente (también llamado Bizancio) sobreviviría durante varios siglos más.  El punto de inflexión viene hacia el 1500 aproximadamente, pero como también hemos visto no fue hasta después de 1800 que los occidentales empezaron a superar muy ampliamente a las grandes potencias asiáticas en declive (China, el Imperio Mogol de la India, Persia o el Imperio Otomano) gracias a los extraordinarios logros de las revoluciones Científica e Industrial.

     Esto último dio como resultado que, para comienzos del siglo XX, el dominio de Occidente sobre el resto del planeta fuera casi total, con Japón y en mucha menor medida China como las únicas naciones no occidentales capaces de hacer frente a este dominio. Pero una vez más esto quizá no haya sido más que un simple episodio, algo transitorio conforme el orden geopolítico alcanza una configuración más parecida (pero por supuesto no igual) a la que existió en el pasado, pues a decir verdad el apogeo de los grandes imperios coloniales europeos de la era industrial fue bastante efímero. Sí, también podemos decir que todo el planeta ha asumido en mayor o menor medida los exitosos patrones (políticos, económicos, sociales y científico-tecnológicos) propios de Occidente, su legado a la civilización universal. Pero las aportaciones son algo de ida y vuelta, ya que fueron los europeos los que en el pasado adoptaron multitud de innovaciones propias de otras culturas. Ahí tenemos por ejemplo nuestra forma de dividir y medir el tiempo, basada en un patrón sexagesimal desarrollado por las antiguas civilizaciones mesopotámicas, o el actual sistema de numeración, base de nuestros espectaculares desarrollos en Matemáticas y ciencias en general, que tiene su origen en los números indo-arábigos. Y por supuesto tampoco debemos olvidar las numerosas invenciones chinas que tanto impacto han tenido en la Historia, como la pólvora, la ballesta, el papel, la tinta, la imprenta, la seda, la porcelana, el estribo de caballería, el ábaco, el timón moderno, la brújula, el compás de navegación, el papel moneda, los mecanismos de escape (que convierten un movimiento rotatorio continuo en otro oscilante, base de infinidad de mecanismos en la actualidad), el arado de vertedera, el odómetro (que sirve para medir distancias y es la base, por ejemplo, de mecanismos como los cuentakilómetros), el sismógrafo e incluso otros que quizá no parezcan tan impresionantes, pero que han alcanzado una difusión universal, como los paraguas y sombrillas, el abanico o las cometas. Los chinos llegaron a inventar también cosas que creíamos mucho más modernas, como la fabricación en serie o los títeres mecanizados, que más tarde cayeron en el olvido y fueron reinventadas en Occidente. Como vemos la civilización actual es fruto de múltiples aportaciones procedentes de diferentes partes del mundo.

     Por último conviene pararse un momento a reflexionar acerca de lo que puede deparar el futuro. Hemos visto que una de las grandes trasformaciones de la Revolución Industrial fue que la economía global pasó de crecer linealmente a hacerlo exponencialmente. Dicho crecimiento fue monopolio al principio de las potencias occidentales, pero conforme el resto de naciones se fue sumando al mismo ha terminado convertido en norma universal. La pregunta surge automáticamente ¿Podremos seguir manteniendo semejante ritmo en las décadas venideras? Crecer exponencialmente y de forma indefinida en un entorno limitado como lo es nuestro planeta, es algo por completo inviable que tarde o temprano nos lleva al colapso. De ser así nuestra civilización industrial y tecnológica bien podría ser otro breve episodio más, como lo fue la supremacía europea, dentro del largo devenir de nuestra historia como especie.




N.S.B.L.D



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