Podría parecer sencillo definir lo que es un bosque. Pero para ciertos organismos internacionales, y los intereses privados que hay tras ellos, dicha definición se aleja bastante de lo que cualquiera de nosotros puede tener en mente.
Según el diccionario de la RAE, que se puede consultar sin
problemas por Internet si es que no se tiene uno mínimamente actualizado a
mano, un bosque es:
Un sitio poblado de árboles y matas.

No hay que realizar un
análisis especialmente profundo para comprobar que se trata de una definición
realmente breve y concisa, dice lo que quiere decir y nada más, porque quienes
elaboran el diccionario no se han molestado en cambiarla desde hace años. De
hecho he podido comprobar esto último al consultar una vieja enciclopedia de
1973, la escueta entrada de bosque se repite exactamente con las mismas
palabras arriba mostradas.
Ahora bien, no creo que vaya a ser el
único que piense que un bosque es mucho más que "un sitio con árboles y
matas", una descripción pobre que no tiene en cuenta la compleja comunidad
viviente que en realidad es un ecosistema de estas características, con toda su
extraordinaria diversidad y el en no pocas ocasiones asombroso entramado de
relaciones que se establece entre sus habitantes. Para ello basta con mencionar
por ejemplo las micorrizas, una simbiosis entre los hongos del suelo y las
raíces de los árboles del bosque, necesaria para que estos últimos puedan
crecer y desarrollarse de manera adecuada, pues sin ella no son capaces de
obtener buena parte de los nutrientes esenciales que precisan para sobrevivir.
Cada especie de árbol se asocia con su hongo formador de micorrizas particular,
de tal manera que unos y otros forman una especie de red viviente
interconectada que se extiende por todo el bosque.