Teresa de Calcuta. Desmontando el mito de una "santa" muy cuestionable

La reciente canonización de la que fue conocida como "madre" Teresa de Calcuta, viene a reforzar el mito de la mujer santa e infatigable bienhechora en favor de los más desposeídos. No obstante tras esta imagen modélica se esconde una verdad mucho más sórdida en relación a la labor llevada a cabo por esta mujer.


Mutter Teresa von Kalkutta.jpg“Hay algo muy hermoso en ver a los pobres aceptar su suerte, sufrirla como la Pasión de Cristo. El mundo gana mucho con el sufrimiento”.

"El SIDA es un justo castigo para una conducta sexual impropia".

      Estas dos "perlas" corresponden a declaraciones realizadas por Agnes Gonxha Bojaxhiu, una mujer nacida el 26 de agosto de 1910 en Uskub (actualmente Skopie, en la República de Macedonia, que en ese tiempo formaba parte del Imperio Otomano) y fallecida el 5 de septiembre de 1997 en Calcuta, India, a donde arribó a principios de 1929 como misionera de la Orden de Loreto. Durante décadas la religiosa desarrollaría su labor principal en esta populosa ciudad del subcontinente, fundando su propia orden, las Misioneras de la Caridad, y pregonando su dedicación a los más pobres de entre los pobres, a los que acogía en sus misiones supuestamente para ofrecerles un techo, comida y cuidados ante la enfermedad y otras necesidades. Su caritativa labor trascendió al mundo entero, convirtiéndola en un icono de santidad y dedicación al prójimo, la personificación del paradigma de la bondad y caridad cristianas. En virtud de ello el reconocimiento fue llegando. El Permio Nobel de la Paz en 1979 y, tras su muerte, la beatificación en octubre de 2003 y la posterior canonización (consagración como santa de la Iglesia Católica) este mismo fin de semana.
    
     Ésta es la historia que todos conocemos, la de la humilde y abnegada servidora de los más necesitados y desamparados. La "madre" Teresa de Calcuta, sobrenombre con el que terminó siendo conocida en todo el mundo, fue un modelo a seguir ampliamente patrocinado por el Vaticano, su gran abanderada ante la Comunidad Internacional. Y, cómo no, los grandes medios de masas en Occidente difundieron y amplificaron el arquetipo de la "santa" Teresa de Calcuta, como si en dicha ciudad ella y las demás integrantes de su orden religiosa hubieran cuidado durante años de decenas, incluso cientos, de miles de desposeídos ¿Qué hubiera sido de todos ellos sin esta mujer ejemplar? Pero, ¿se corresponde con la realidad esta imagen que tanto se ha publicitado? ¿Era Agnes Gonxha un ejemplo para la humanidad? Arañando más allá de esta costra superficial de propaganda descubrimos verdades ocultas mucho menos ejemplares.

    "¿La madre Teresa? Aquí no hemos recibido nada de ella, pregunta en los barrios pobres, a ver si alguien ha recibido algo de esas hermanas. Dudo que encuentras a alguien". Estas son las palabras de Samitry, cuyo testimonio fue recogido en 2010 por la bloguera Silvia Castaño. La voz de Samitry, que por aquel entonces contaba con unos 30 años de edad, es la de los habitantes de los slum, los barrios más miserables de las grandes urbes indias como Calcuta. Paseando por sus ruinosas calles y hablando con cualquiera que te encuentres la respuesta casi siempre será la misma, las Misioneras de la Caridad ni están ni se las espera. De hecho sólo en Calcuta operan más de 200 organizaciones benéficas que asisten a los más pobres y a los marginados y sorprende descubrir que la orden fundada por la religiosa Agnes no es, ni de lejos, la más importante y activa de todas ellas. En esta labor destacan la Misión Ramakrishna, la mayor organización caritativa de la India, obviamente hinduista, y la Asamblea de Dios, otra asociación de voluntariado de carácter benéfico, en este caso de origen norteamericano. Entre ambas atienden y sirven comidas diarias a decenas de miles de habitantes de los slum, algo en lo que nunca parecen haber destacado las Misioneras de la Caridad ¿Cómo es esto posible? ¿Pero no nos habían dicho desde siempre que estas religiosas eran los "ángeles salvadores" de los barrios más miserables? Todo el mundo en Calcuta debería adorarlas, pero en su lugar los supuestos benefactores de su caridad rara vez tienen palabras amables cuando se refieren a ellas. Teresa de Calcuta aseguraba haber fundado a lo largo de su vida alrededor de 517 misiones en más de un centenar de países, sin embargo ni tan siquiera en la ciudad que vio nacer su proyecto benéfico encontramos una huella especialmente profunda de su labor entre los más necesitados.

     Todo esto nos muestra una imagen bien distinta de Agnes Gonxha y sus seguidoras, una imagen desde luego nada modélica. Todo ello ha sido denunciado en las investigaciones, llevadas a cabo durante los últimos años de vida de la religiosa, del doctor indio Aroup Chatterjee, que sumó sus esfuerzos con los del escritor y periodista Christopher Hitchens para elaborar en 1994 el documental de denuncia Hell´s Angel: Mother Teresa ("Madre Teresa: el ángel del Infierno", ver esta entrada en YouTube). Las conclusiones del documental se ampliaron con más evidencias en un libro publicado por Hitchens al año siguiente (1995), The Missionary Position: Mother Teresa in teory and practice. En palabras del propio periodista: "es un simple asunto de registros que Madre Teresa era una fanática, una fundamentalista y un fraude. Pienso que fue, probablemente, la estafadora más exitosa del pasado siglo, responsable de innumerables muertes e indecible sufrimiento, y orgullosa de ello" ¿Por qué estas palabras tan duras? Básicamente porque tanto Chatterjee como Hitchens evidenciaron, tras múltiples visitas a las "misiones" de la orden y después de recoger los testimonios de voluntarios que trabajaron en ellas, que en estos lugares imperaba una especie de obsceno culto al sufrimiento y la muerte, culto impuesto por Agnes Gonxha. De hecho las misiones son descritas como "casas de muerte", un lugar donde no se alivia en absoluto el padecimiento de los indigentes enfermos que allí acudían, ya que más bien al contrario se los dejaba agonizar hasta que al fin expiraban tras haber recibido una atención mínima. Teresa de Calcuta no sacaba de las calles a los más pobres de entre los pobres para ocuparse de ellos, sus centros de acogida eran y siguen siendo vertederos de seres humanos a los que se va a morir sin encontrar alivio alguno a la enfermedad. Todo porque la religiosa encontraba "hermoso" el sufrimiento de los pobres, al ver en él un paralelismo con la Pasión de Cristo.

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Esta edición de 2008 de la revista "Time"
estaba encabezada por un artículo en el
que se desvelaba el lado oscuro de la vida
de la religiosa.
     Esta "cultura del sufrimiento" aunada con un escaso interés real por solucionar el problema de la pobreza, queda en evidencia en el trato que se les daba a los pacientes en las misiones, así como en las innumerables deficiencias que presentaban. La atención médica quedaba reducida muchas veces a suministrar aspirinas o, en su defecto, ibuprofeno a los enfermos terminales que agonizaban entre dolores terribles. Las misioneras se negaban en muchos casos a trasladar a pacientes con dolencias graves a los hospitales, si bien ahora aseguran que ese protocolo ha cambiado. Algunos voluntarios incluso llegaron a denunciar que se ataba a los niños a las camas para que no dieran problemas. Todo ello en un ambiente generalizado de falta de higiene, sábanas manchadas de heces que no se lavaban correctamente y jeringuillas reutilizadas incluso varias veces son ejemplos ilustrativos. Y las malas prácticas iban incluso más allá, mostrando una imagen de las Misioneras de la Caridad bien distinta a la que siempre nos han mostrado los medios en Occidente. Todos suponemos que las religiosas peinaban las calles de Calcuta para recoger a los más necesitados y llevarlos a sus casas de acogida, pero la realidad era que se aprovechaban de un servicio gubernamental de atención a urgencias, que era el que les traía a los indigentes a las puertas de sus centros. Es cierto que la orden disponía (y todavía dispone) de varias viejas ambulancias donadas, pero su uso principal siempre ha sido el de trasporte privado para las monjas cuando decidían desplazarse a algún acto religioso. Por otra parte los niños sólo eran aceptados en el hospicio de Calcuta si sus padres renunciaban previamente a la patria potestad. Un hospicio que, por otra parte, era muy modesto. Apenas 80 camas y unas instalaciones paupérrimas. Agnes Gonxha decía suministrar comidas diarias a entre 4.000 y 9.000 necesitados de la ciudad, servicio que solían realizar los voluntarios y nunca miembros de la orden, pero la realidad era que el lugar no tenía capacidad para proporcionar mucho más de 300 raciones al día. Y por si esto fuera poco se priorizaba la atención a los católicos, una reducida minoría en la India, por encima del resto de confesiones religiosas.

     No son desde luego ejemplos de una personalidad y organización modélicas, pero el problema es que los aspectos turbios en relación a Teresa de Calcuta no terminan ahí. Su orden ha recibido donaciones millonarias por parte de innumerables fieles de todo el mundo, pero como hemos visto no parece que ese dinero se invierta en las misiones o en una adecuada atención a los más necesitados ¿A dónde va a parar? Es muy difícil saberlo porque las finanzas de las Misioneras de la Caridad se mantienen en la más absoluta opacidad. Los responsables de controlarlas son el Ministerio de Finanzas indio (que tutela la actividad de las ONG que operan en el país) y el propio Vaticano, pero ninguna de estas dos entidades se ha mostrado hasta la fecha dispuesta a esclarecer nada al respecto. Un cálculo conservador estima que, en los últimos años de vida de Agnes Gonxha, su organización llegaba a recibir unos 100 millones de dólares anuales en donativos. De hecho la función principal de muchas de las congregaciones repartidas a lo largo y ancho del mundo parecía ser meramente recaudatoria. Es mucho dinero y resulta difícil justificar su destino viendo la austeridad de los hospicios de la orden. Pero una cosa está clara, este flujo de capital bien ha servido para patrocinar ampliamente la visión del mundo ultracatólica y ferozmente reaccionaria de la reconocida religiosa. Una visión que, como hemos visto, preconiza la cultura del dolor y el sufrimiento, rechazando los cuidados paliativos para los enfermos terminales, a los que no se les debe dar la opción de escoger. Y por supuesto esta visión abomina también de los métodos de contracepción, de la libertad sexual y, claro está, del aborto, que considera el más horrendo de los crímenes. De hecho Teresa de Calcuta equiparaba a las mujeres que abortan con los criminales de guerra porque, en sus propias palabras, "el aborto es el mayor destructor de la paz".

En la imagen Teresa de Calcuta reuniéndose con
Michèle Bennett, esposa del dictador de Haití
Jean-Claude Duvalier.
    Todo esto nos muestra una figura muy discutible, pero al menos nos queda la idea de que Teresa de Calcuta predicaría con el ejemplo y viviría austeramente de acuerdo a sus ideales, relacionándose exclusivamente con gente piadosa que los compartiera. Ni tan siquiera eso. Al final de su vida, ya visiblemente afectada por la enfermedad, se trasladó a un exclusivo hospital en California para recibir los más modernos cuidados paliativos, el mismo centro donde años atrás ya le implantaron un marcapasos. Son esos mismos cuidados que ella negaba a los desdichados que tenían la mala fortuna de ir a parar a uno de sus hospicios; será que el sufrimiento le resultaba hermoso en otros, especialmente si eran muy pobres, pero no en ella misma. Y para rematar tenemos las relaciones que Agnes Gonxha mantuvo con personajes nada recomendables. Uno de ellos fue el financiero norteamericano Charles Keating, del que aceptó numerosos donativos sin el menor reparo. Keating, que falleció en 2014, es recordado especialmente por el fraude masivo a inversores de cajas de ahorros de Estados Unidos descubierto en 1984, que ascendió a unos 2.600 millones de dólares. Esto podría pasar por un simple desliz por parte de la religiosa, sin embargo más difícil de explicar es la relación de Teresa de Calcuta con el siniestro y sanguinario dictador haitiano Jean-Claude Duvalier, también conocido por el sobrenombre de Baby Doc, que al igual que su padre y predecesor impuso el terror en el país caribeño entre 1971 y 1986. Para ello no dudó en seguir utilizando a la fuerza paramilitar de los Tonton Macoute (literalmente los "hombres del saco") para imponerse frente a cualquier tipo de oposición. No debemos olvidar que se le atribuyen a los Tonton Macoute alrededor de 150.000 asesinatos y desapariciones, en su gran mayoría civiles contrarios al régimen de los Duvalier.
Pues bien, la "piadosa" Agnes Gonxha no mostró el menor dilema moral a la hora de codearse, mostrar su apoyo y aceptar donaciones millonarias por parte del despiadado tirano haitiano y su esposa, Michèle Bennett, una mujer conocida por sus calculadas demostraciones de caridad (al parecer muy del gusto de "madre" Teresa) y su desmesurado gusto por el lujo. Valga de ejemplo que, mientras el pueblo padecía opresión y miseria, ella derrochaba en la instalación de un potentísimo sistema de aire acondicionado para así poder lucir sus abrigos de pieles en las celebraciones y eventos que organizaba en su residencia palaciega ¿Qué opinaba al respecto la "santa", tan conocida supuestamente por su devoción a la austeridad y la pobreza? Por lo visto nunca lo sabremos.

    Fanatismo religioso, culto a la "cultura del sufrimiento", hospicios que más bien eran centros de muerte, una atención médica insalubre y muy deficiente, un compromiso social más que dudoso, contabilidad opaca, afán recaudatorio y unas amistades nada recomendables. Ésta es la verdadera carta de presentación de Agnes Gonxha. Todo lo demás ha sido una prolongada campaña para la construcción de un mito, una operación de propaganda iniciada en 1969 por el ultracatólico Malcolm Muggeridge con un documental emitido en su día por la BBC. Dicha operación culminó el pasado 4 de septiembre con la canonización de la "madre" Teresa. Sin entrar en los presuntos actos milagrosos que se le atribuyen, sorprende que en pleno siglo XXI todavía se acepten sin más demostraciones de superchería medieval como estas, hay algo perverso, hasta se diría que repugnante, en el concepto de la caridad que tanto se le atribuye a personalidades como ella. La caridad no busca combatir las causas de la pobreza ni la cuestiona, aceptándola con resignación cristiana como un hecho y sacralizando la muy desigual relación entre los donantes, los ricos y poderosos que así aplacan sus conciencias, y los desdichados receptores, que han de aceptar su miserable condición agradeciendo infinitamente las limosnas. Así es como se perpetúan las desigualdades en una sociedad fuertemente estratificada.

    Decidles que no estamos aquí para trabajar, estamos para Jesús. Somos religiosas por encima de todo. No somos trabajadoras sociales, no somos maestras, no somos doctoras, somos monjas.

Palabra de Agnes Gonxha, se puede decir más alto pero no más claro. Esta última frase resume a la perfección las líneas principales de su pensamiento, lo único que le preocupaba en realidad era difundir su mensaje fundamentalista. Todo lo demás no importaba, mucho menos dejar sufrir y morir a otros seres humanos ¿Qué clase de santidad es esta?
      

M. Plaza
                         

Para saber más:
 
Desmitificando mitos. La verdad sobre Teresa de Calcuta (Blog de Silvia Castaño).
10 cosas que deberías saber antes de llamar Santa a Teresa de Calcuta (Vozpopuli).
El lado oscuro de la madre Teresa de Calcuta del que no responde el Vaticano (Público).

 

2 comentarios:

  1. La pregunta es porque se hace pública esta historia después de su canonización?, cuando esto salió a la luz al poco tiempo de morir.

    Saludos, lgf

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  2. Muy buen artículo. En realidad, vendría bien un estudio a fondo de todas las agencias de beneficiencia, de todo origen. Se trata de enormes cantidades de dinero en un mundo que además es muy rico (ya hay más personas con problemas de obesidad que pasando hambre), ¿cómo es posible que tantísimo dinero, tantísima tecnología y tantísimos voluntarios de todas clases no hayan acabado aún con la precariedad y la desigualdad extremas? ¿Adónde va el dinero?, ¿cómo se emplean los cooperantes?

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