¿Pero cómo iba a ser Madrid sede olímpica?

Al día siguiente del tercer batacazo olímpico de la candidatura de Madrid como sede para albergar los juegos de 2020, es momento de reflexionar un poco ¿Realmente estábamos como para lanzarnos de nuevo a una aventura de esas características o deberíamos destinar esfuerzos y dinero a los problemas que de verdad importan?


          El sábado todo era optimismo y euforia contenida, en las calles de la capital de las Españas miles de personas se preparaban para la gran fiesta. "Esta vez sí, a la tercera va la vencida"; pensaría más de uno. A pocas horas de que el COI hiciera pública su decisión todos los medios de comunicación, cómo no, se volcaban en la cobertura de lo que se anunciaba casi como un éxito seguro de la candidatura madrileña. Programas especiales, los tertulianos de turno relatando las innumerables excelencias de nuestra querida patria y los éxitos de nuestros grandiosos deportistas, argumentos más que de sobra para convencer a los sesudos miembros del comité olímpico de que los juegos debían venir para aquí, y toda la típica parafernalia destinada a encandilar al público y que así se ilusionase con eso de Madrid 2020, de esta manera dejarían de pensar aunque solo fuese por unos días en toda la mierda que nos viene cayendo encima desde hace tiempo. Con semejante despliegue no eran pocos los que habían terminado convenciéndose de que la opción española saldría vencedora y reviviríamos la gloria de Barcelona´92.

         Pero cuando el COI anunció el primer corte para eliminar a una de las tres finalistas (Madrid, Estambul o Tokio), ¡zas, en toda la boca! (como diría el protagonista de una conocida serie humorística de dibujos animados). A la candidatura española le dieron la patada a las primeras de cambio y los vencedores habrían de ser los japoneses. Después viene la inevitable pataleta de los malos perdedores. Que si eso del COI es como un mafia, que si son todos unos sinvergüenzas y el que se lleva el gato al agua es quién soborna con más dinero a los que deben decidir, que si está todo amañado y toda la retahíla de acusaciones que se suelen verter en estos casos. Pero bueno, ¿es que unas horas antes nadie sabía nada acerca de eso? Está todo amañado pero nos presentamos igualmente para perder, ¿somos tontos o es que nos quieren hacer tontos? Esas excusas no cuelan, si bien pueden servir para tapar ciertas vergüenzas ante miradas ajenas, aunque a estas alturas las vergüenzas de España ya están más que a la vista.

           Dudas aparte acerca de la integridad e imparcialidad de los miembros del COI a la hora de tomar decisiones, lo cierto es que, comparándolas, la candidatura de Tokio es una apuesta mucho más solvente que la de Madrid. A pesar de los largos años de estancamiento económico Japón sigue siendo una de las grandes potencias industriales del planeta, un país puntero en innovación y desarrollos tecnológicos, próspero, disciplinado y con unas infraestructuras envidiables. Por eso puede sobrellevar las organización de unas olimpiadas con mayores garantías. Pero en comparación, ¿qué es España? A estas alturas la crisis nos ha devuelto a nuestro estatus real, el de una república bananera infestada de caciques corruptos cuya máscara democrática está a punto de caer por sí sola. Desinflada la burbuja inmobiliaria, con el sistemático desmantelamiento de un tejido industrial que nunca estuvo especialmente desarrollado y la agricultura de mal en peor, el único sector que nos mantiene a flote es el turístico. No nos engañemos, sin todos esos turistas que vienen a millones todos los años para disfrutar principalmente de nuestras playas y nuestra benigna climatología, méritos en los que poco ha intervenido ningún político porque vienen dados por nuestra situación geográfica, haría tiempo que estaríamos completamente en la ruina y con el culo al aire. No es un buen momento para la "marca España" cuando cerca de una de cada tres personas en edad de trabajar se encuentra en el paro y el cáncer de la corrupción se ha extendido como si de una metástasis se tratara, salpicando incluso a esa realeza que se pega la vida padre a nuestra costa, no perdiendo oportunidad de viajar por todo lo alto a donde sea con el pretexto de apoyar a los deportistas españoles o para hacer acto de presencia en cuantos eventos se les presenten. Obviamente no se perdieron el fiasco de Buenos Aires, es posible que principito y compañía acabaran decepcionados, pero que les quiten lo bailado.

            Es por eso que no me ha extrañado nada que al final la candidatura de Madrid no haya salido vencedora. En contra de Tokio podemos argumentar lo de los terremotos, los tsunamis y la amenaza radiactiva de Fukushima. Pero en España estamos padeciendo otro tipo de calamidades que tienen nombre propio, Mariano Rajoy y el Partido Popular. Tal y como decía una canción de cuando yo era niño desde el cabo de Gata hasta Finisterre estas calamidades están asolando el país, no dejando tras de sí nada más que miseria y vergüenza ¿Cómo nos iban a dar unos juegos olímpicos con un panorama así? El que lo creyera no ha sido más que un iluso. Ya se veía venir cuando la inepta de Ana Botella, alcaldesa a dedo de la villa de Madrid (una forma muy democrática de nombrar a un cargo público, ¡claro que sí!), hizo el ridículo en la patética rueda de prensa que dio días antes de que se conociera la candidatura definitiva. Fue una oportunidad inmejorable para que Anita mostrara sus cualidades, que todos sabemos que son prácticamente nulas.                      

             Después de todo por lo único que hay lamentar el fracaso del proyecto Madrid 2020 es por todos esos deportistas que practican deportes minoritarios y de los que solo nos acordamos en citas como las olimpiadas (waterpolo, halterofilia, gimnasia, triatlón, piragüismo, etc.). Ellos y ellas van a sufrir ahora el salvaje tijeretazo en las subvenciones que muy probablemente les dificultará enormemente continuar con esa dedicación que requiere incontables horas de entrenamiento y esfuerzo, el futuro de muchos en la competición al más alto nivel pende de un hilo. Ya se sabe, en España lo único que interesa de verdad es el fútbol, donde los clubes se gastan cantidades indecentes de dinero para fichar a las mejores estrellas. Al deporte rey solo le hacen sombra de vez en cuando las victorias de Nadal en la pista de tenis, las de Fernando Alonso en los circuitos de Fórmula 1 o el motociclismo. Mientras tanto algunos se consuelan pensando que en el 2024 Madrid podrá estar de nuevo en liza, aunque viendo la actual situación más valdría dedicar todos esos recursos a otras necesidades mucho más inmediatas. Este país no está para celebraciones, menos de unos juegos olímpicos por mucho que nos hayan vendido la idea de que su celebración atraerá inversiones, más turismo y generará puestos de trabajo, ese cuento ya lo hemos oído demasiadas veces y sabemos cómo acaba.

             El sentido común indica que nos debemos centrar en salir del atolladero. Invertir en políticas activas de creación de empleo, apoyando mucho más a la pequeña y mediana empresa que es la que verdaderamente genera puestos de trabajo. Apoyar de nuevo la investigación destinando fondos suficientes para que la misma pueda servir de cauce a una reordenación de nuestro sistema productivo, demasiado dependiente hasta hace unos años del ladrillo. Regenerar a la putrefacta clase política que nos gobierna y, en definitiva, cuantas medidas sean necesarias para encontrar una salida si es que verdaderamente la hay. De momento en el futuro solo veo negros nubarrones, no unos juegos olímpicos.


                                                                                                                                                 Juan Nadie
             

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