Sobre la dispersión del voto de la izquierda

Este domingo, día 25 de mayo, se celebran las elecciones al Parlamento Europeo. En medio del desencanto generalizado de la población con todo lo relacionado con la política, y más en temas comunitarios, surge una vez más una cuestión trascendental ¿Hasta cuándo la división de la izquierda en este país?, que la debilita frente a una derecha que siempre vota en bloque.


            El pasado 11 de mayo el ex presidente, antiguo dirigente y "vaca sagrada" socialista, Felipe González, realizó unas explosivas declaraciones, no por ello ciertamente previsibles, en el programa El Objetivo de la cadena televisiva La Sexta. En un determinado momento de la entrevista, el veterano líder confesó a la presentadora Ana Pastor que no veía con malos ojos una posible gran coalición de los socialistas con el Partido Popular si las circunstancias del país lo exigían (1). Todo y que más tarde Felipe González parece haberse retractado de sus declaraciones (2), el globo sonda ha quedado ahí para todo aquel que quiera retomar el asunto cuando lo considere conveniente. No creo que sea el único que no se haya sorprendido en exceso ante unas declaraciones de esta naturaleza, pues hace ya tiempo que el PSOE emprendió su viaje hacia "el lado oscuro" del espectro político renunciando a auténticas políticas de izquierdas. Un gobierno de concentración nacional con el PP sería la culminación de dicho viaje, aunque en muchos aspectos los "pseudosocialistas" ya difieren bien poco de los ultraconservadores que ahora nos gobiernan. No olvidemos que fue el gobierno de Zapatero el que inició las políticas de austericidio sometiéndose a las exigencias de la Troika, reformó a traición la Constitución con la complicidad de los populares, para así convertirnos en esclavos de la deuda, y que los socialistas también irán de la mano de la derecha en su apoyo al acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, más conocido por sus siglas TTIP (3). 

         Queda bien claro pues que, el mal llamado "voto útil" al PSOE, no es un voto ni a la izquierda ni tampoco a propuestas verdaderamente progresistas que supongan un drástico golpe de timón a las nefastas políticas llevadas a cabo hasta ahora en España y en Europa. Ante esto cabe preguntarse por las alternativas reales que podemos encontrar a la izquierda de una socialdemocracia rancia, desgastada y totalmente plegada a los intereses de los poderes financieros. Y es ahí donde encontramos, especialmente en nuestro país, un problema de fondo que debilita gravemente a la izquierda frente a una derecha altamente cohesionada que vota mayoritariamente y en bloque al PP. No es otra cosa que la dispersión, casi se diría a veces que atomización, del voto progresista en una miriada de partidos y grupúsculos políticos que las más de las veces parecen competir entre sí por los electores antes que hacer frente común. Si a esto le sumamos la abstención, procedente principalmente de votantes de izquierdas desencantados, la debilidad se hace más patente todavía.

            Tan solo hay que echar un vistazo a las candidaturas para las próximas elecciones europeas para comprender la magnitud del problema del que estamos hablando (4). Aparte de los dos grandes partidos, UPyD, los nacionalistas conservadores catalanes y vascos y una serie de agrupaciones minoritarias y marginales de la extrema derecha o, cuanto menos, de afiliación sospechosa (Vox, Impulso Social o La España en Marcha); tenemos toda una constelación de formaciones de carácter progresista que, ya de entrada, pueden dividirse en dos grandes bloques. Las claramente nacionalistas y las no nacionalistas.

             Dentro de los grupos que podríamos definir como no nacionalistas encontramos primero a la coalición Izquierda Plural, encabezada por Izquierda Unida más la suma de otros partidos como Iniciativa per Catalunya, Esquerra Unida i Alternativa, Federación los Verdes, Els Verds (Opció Verda), Construyendo la Izquierda Alternativa y Socialista y otras agrupaciones minoritarias que al menos han tenido cierto criterio a la hora de aunar fuerzas en una candidatura conjunta. No obstante al margen de dicha coalición hay otras formaciones, como los recién creados Partido X (apadrinado por Hervé Falciani), Podemos (encabezado por el conocido tertuliano Pablo Iglesias) o la plataforma Recortes Cero. Aparte de estos se presentan otras candidaturas como: Partido Animalista contra el Maltrato Animal, Iniciativa Feminista, Los Verdes-Ecopacifistas, el Partido Comunista de los Pueblos de España, Movimiento Corriente Roja, Alternativa Republicana, la agrupación Escaños en Blanco, Solidaridad y Autogestión Internacionalista, la Coalición Pirata... Así hasta aburrir, pues no he llegado a enumerar todas las candidaturas existentes que se podrían englobar dentro de este grupo.

             Y ahora pasamos a las formaciones de izquierdas de orientación claramente nacionalista o regionalista, procedentes mayormente de Cataluña, Euskadi o Galicia, aunque también del País Valenciano, Aragón o Andalucía entre otros. Aquí también nos encontramos ante un hecho curioso, a pesar de que la gran mayoría de estos partidos tienen a buen seguro intereses comunes (defender una mayor soberanía de sus respectivos territorios frente al poder central que emana de Madrid, cuando no la autodeterminación), ni tan siquiera eso sirve para que presenten una candidatura única y conjunta. Bildu (la anterior Batasuna), el BNG, Unidad del Pueblo y Alternativa Nacionalista Canaria entre otros, han formado la coalición "Los pueblos deciden". Por otro lado viene la catalana L´Esquerra pel Dret a Decidir, compuesta por Esquerra Republicana de Catalunya, Nova Esquerra Catalana y Catalunya Sí. Y por si esto fuera poco todavía hay más coaliciones de este tipo, como Primavera Europea (que engloba a Compromís, Equo, la Chunta Aragonesista, el Partido Castellano, Democracia Participativa y Socialistas Independientes de Extremadura) o Proyecto Europa (con Acció Nacionalista Valenciana, el Bloque Aragonés y el Partido Regionalista de Andalucía Oriental - ¿y la occidental qué? -). Eso sin contar con otros tantos grupúsculos nacionalistas minoritarios que han decidido ir por libre.

             Ante semejante panorama, ¿por quién decidirse a la hora de entregar el voto? Puedes optar por ese partido "de toda la vida" al que te has mantenido fiel a lo largo de los años, si bien tal vez te ha decepcionado y ya no quieres saber nada de él. En ese caso quizá sea mejor decantarse por alguna de las nuevas opciones pero, ¿por cuál de ellas si todas parecen prometer cosas muy parecidas? Es más, ¿a qué tanto partido cuando en realidad todos buscan ser una alternativa a lo que actualmente tenemos? Incluso aun siendo nacionalista (catalán, vasco, gallego o de donde sea) la cosa tampoco parece tan sencilla. En este último caso a muchos les puede surgir la siguiente duda, ¿qué pesa más en ésta u otra formación política, el nacionalismo o la ideología de izquierdas?

             Y para aumentar la confusión más si cabe todavía parece existir cierto "pique", por decirlo de alguna manera, entre partidos que pueden terminar compitiendo a la hora de captar votos dentro del mismo espectro del electorado. Tal es el caso por ejemplo de las formaciones Podemos y Partido X (5) ¿Resulta constructiva esta actitud para la izquierda? Si lo que se busca es la regeneración política y social esta división ayuda más bien poco, al contrario favorece a la derecha que, a la hora de votar, presenta un electorado mucho más fiel y que acude a las urnas en bloque. Quizá eso es lo que se está buscando desde las instancias del poder, dividir el voto de la izquierda lo máximo posible para debilitarla, así no presentará frente común y las contrarreformas neoliberales que están asolando Europa (especialmente el sur del continente) podrán seguir adelante para mayor gloria de las élites financieras que prosiguen acumulando riqueza y privilegios a costa del resto de la población. Quién sabe si algunos de los muchos partidos mencionados se prestan a este juego o no, ya sea de manera consciente o inconsciente, ensimismados tal vez en su dinámica interna y no tan atentos a las demandas procedentes de la calle. Los nacionalistas perdiéndose en reclamaciones soberanistas que quizá no sean tan urgentes como otros problemas como la desigualdad creciente, la pérdida de derechos y libertades o la devastadora política de recortes sociales. Otras formaciones tal vez demasiado obsesionadas por diferenciarse de los "competidores" que pueden robarles votos y representación, ya que ocupar un cargo electo te deja bien arreglado aunque sólo sea por unos años. Una dispersión semejante bien puede fomentar la desafección de los ciudadanos, trayendo como consecuencia una mayor abstención. Ni que decir tiene que esto último favorece especialmente a la derecha.

              Ante esto deberíamos preguntarnos para cuándo una gran coalición de partidos de izquierdas, ya sean nacionalistas, no nacionalistas, ecologistas o de cualquier otro tipo. El voto en bloque de toda la izquierda bien podría desbancar a la derecha de Europa entera y supondría un giro radical que podría cambiar muchas cosas, aunque por supuesto no todas. Puede parecer utópico pero es posible. A muchos tal vez les venga a la cabeza la España del año 1936, cuando una gran coalición de partidos de izquierda conocida como el Frente Popular, consiguió desbancar en las elecciones a la coalición conservadora que llevaba al frente del gobierno republicano los últimos tres años. El Frente Popular abarcaba partidos marxistas y revolucionarios, pero también nacionalistas de izquierdas (en Cataluña la coalición liderada por Esquerra Republicana lo sustituía, si bien ambas agrupaciones acordaron actuar conjuntamente); todos aunando esfuerzos para enfrentar al adversario común. Sabemos cómo acabó la experiencia, la Guerra Civil se llevó por delante aquel sueño y por eso habrá más de uno que considere que aquello fue un error, cuando no piense con temor en repetir el intento.

José Mujica
El actual presidente uruguayo, José Mujica.
             No obstante considero modestamente que pensar así es un error y en la actualidad hay ejemplos que pueden ser útiles. Uno de ellos es Uruguay, donde desde 2005 gobierna una coalición de fuerzas progresistas, de izquierdas y antioligárquicas conocida como el Frente Amplio, cuyo líder y actual presidente de gobierno, José Mujica, había sido anteriormente un guerrillero en activo perseguido y encarcelado durante la dictadura (al respecto recomiendo la entrevista que le realizó Jordi Évole el pasado domingo en el programa Salvados). El éxito del Frente Amplio como formación de gobierno es indudable. Ha logrado reducir los niveles de pobreza en el país a unas cifras que eran impensables sólo unos años atrás, ha emprendido reformas de calado para contener la corrupción y el clientelismo político y ha aprobado toda una batería de leyes de carácter progresista para modernizar una sociedad anteriormente estancada (despenalización del aborto o el consumo de cannabis, legalización de los matrimonios homosexuales, reformas educativas, etc.). Tanto es así que la publicación británica The Economist, por otra parte nada revolucionaria ni marxista, escogió a Uruguay como "país del año" del pasado 2013 (6). The Economist destacaba entre otras cosas el esfuerzo del gobierno de Mujica por aumentar la felicidad de su pueblo, puede sonar un poco ingenuo pero así es.

            Y tal vez ahí radique el secreto, en un vocabulario distinto y en una forma diferente de hacer las cosas. Huir de las propuestas de siempre y de los discursos vacíos que nos hablan de "impulsar el crecimiento económico y la competitividad en los mercados, contener el gasto público y el déficit y realizar reformas laborales para estimular la creación de empleo". Ya sabemos que significa todo eso porque lo llevamos sufriendo en nuestras propias carnes desde hace casi seis años: precariedad, recortes y desintegración del Estado del Bienestar, pérdida de derechos y libertades, desigualdad extrema, miseria. Ahora más que nunca haría falta en España y en Europa un "Frente Amplio" de la izquierda con ambición de asaltar verdaderamente el poder. Puede que no llegue a conseguir todo lo que pretende, pero si jamás lo intenta nunca lo sabremos.

                           
                                                                                                                                                     M. Plaza   
  
Quizá también te interese:

- El Acuerdo Transatlántico (ACTI). Asesinar la democracia a traición y por la espalda.
- Drogas. Una guerra perdida.


  

No hay comentarios:

Deja un comentario Tu opinión interesa

Comentarios sujetos a criterios de moderación.