El Acuerdo Transatlántico (ACTI). Asesinar la democracia a traición y por la espalda

Estados Unidos y la Unión Europea pretenden impulsar a toda costa y de espaldas a la ciudadanía la creación de la mayor zona de libre comercio de todo el planeta ¿Vamos a salir ganando con todo esto? No está nada claro


         He leído un artículo en la página web de ATTAC, escrito por el director de Le Monde Diplomatique en español Ignacio Ramonet, que me ha producido cierta inquietud. Titulado ¡Peligro! Acuerdo Transatlántico, habla acerca de las negociaciones llevadas a cabo con la mayor discreción entre Washington y Bruselas con el objeto de firmar, a dos años vista como máximo, un acuerdo que busca crear la mayor zona de libre comercio del mundo, pues abarcaría Norteamérica y los estados englobados en el seno de la UE. Los medios de propaganda y desinformación oficiales no dedican al asunto ni un mísero comentario y existen razones de peso, los que manejan el cotarro se juegan mucho en esto ya que la firma del acuerdo favorecería enormemente sus intereses y ayudaría a ampliar todavía más si cabe el modelo desigual de sociedad que tanto les gusta. Sin embargo somos los demás los que verdaderamente nos veríamos seriamente afectados, todo a causa de unas negociaciones en las que ningún actor social (ONG, sindicatos, representantes públicos...) va estar representado, mientras se tiende la alfombra roja a los representantes de los lobbys para pactar a puerta cerrada acuerdos que luego no trascienden a la opinión pública.
       
         Las razones geoestratégicas que llevan a Estados Unidos a impulsar a toda costa el Acuerdo Transatlántico (ACTI), ya que por supuesto se trata de una imposición que viene del otro lado del charco, se podrían resumir fácilmente. De culminarse dicho acuerdo el proceso de colonización yanqui de Europa, iniciado tras la Segunda Guerra Mundial, se completaría y terminaríamos siendo un burdo apéndice del Imperio; algo así como un conjunto de "estados libres asociados" de soberanía muy limitada. Todo se enmarca una vez más en la interminable lucha por la supremacía planetaria pero, tal y como también explica el artículo de ATTAC, el ACTI nace con la pretensión de reforzar, casi se diría que blindar, el modelo económico y social neoliberal sin contar para ello con la opinión de la ciudadanía. Nos preocupan y mucho problemas como la inmigración, el desempleo, la crisis en Ucrania y, al fin y al cabo, todas esas informaciones con las que diariamente nos bombardean desde los medios. No obstante muy pocos serán los que tengan una opinión formada acerca del ACTI, acerca de sus bondades o por el contrario la amenaza que representa, porque poco a nada se habla de él y, de hacerse, siempre bajo el dogmático rodillo que insiste en que "todo lo que sea eliminar trabas al libre comercio y a la libre circulación de capitales es incuestionablemente beneficioso".

          No voy a entretenerme explicando las características del ACTI, eso es algo que ya hace muy bien el artículo que he mencionado, pero sirve para realizar una reflexión. Un pacto transatlántico de esta envergadura puede tener un enorme impacto en nuestra forma de vida. Influirá en lo que comemos y en cómo y dónde se produce, influirá en las relaciones comerciales entre países de esa nueva área y también entre terceros, influirá en las políticas de formación y empleo, en la filosofía que les dará forma, influirá en las finanzas y, por último, influirá en el modelo de servicios públicos que tendremos a partir de ahora. Están decidiendo nuestro futuro a nuestras espaldas, abriendo la veda para que las grandes corporaciones privadas a uno y otro lado del océano extiendan sus tentáculos en la sociedad a todos los niveles, incluso en el sector público. Es una ataque directo a las libertades y a la democracia, pero un ataque a traición y por la espalda, pues se efectúa casi como si de una operación secreta se tratase. Cuantos menos se enteren de lo que está sucediendo mejor.

         Burócratas y políticos preocupados únicamente en aferrarse al cargo y llenarse los bolsillos se confabulan con la élite financiera para dar el golpe. La opinión y las necesidades del ciudadano no importan lo más mínimo, porque en este plan maestro, como bien dice Ignacio Ramonet en su artículo, las personas quedamos reducidas a la simple categoría de consumidores. Objetivos para la Ley del Mercado, esclavos de necesidades ficticias y de la deuda que éstas crean. Y es más, el acuerdo elevaría a los altares la protección de las inversiones del gran capital como principio sagrado absolutamente inviolable. Solo importará "proteger los beneficios de los inversores", blindar su enriquecimiento a costa de todos los demás, no proteger a la gente de la depredación que está por venir ¿No es esta una nueva forma de dictadura? Si no tienes ni voz ni voto para decicir sobre estas cuestiones porque has sido excluido automáticamente sin ser consciente de ello, ¿qué más dará la naturaleza del poder autoritario que va a surgir como resultado? Un tirano a la cabeza del aparato de un estado que lo controla absolutamente todo o corporaciones privadas inmensamente poderosas que se mueven en la sombra, haciendo y dehaciendo leyes a golpe de talonario o patrocinando a este u otro gobernante. El resultado viene a ser más o menos el mismo, los que estamos abajo de la pirámide acabamos igualmente jodidos.

         Ante esto cabe preguntarse qué podemos hacer, si ya está todo decidido y solo queda resignarse. Pero dentro de poco, el 25 de mayo, se celebrarán las elecciones al parlamento europeo. Dado que en Bruselas se va a decidir nuestro destino porque España como país cada vez pinta menos, es el momento de aportar un granito de arena. A la hora de meter el papelito en la urna hay que decantarse por opciones que manifiesten su oposición abierta al ACTI. No nos engañemos, ¡votar por el PSOE  o el PP es votar por la muerte de la democracia!


                                                                                                                                     El último de la clase
       
       

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