Acerca de los complejos y miserias de la izquierda

En no pocas ocasiones da la impresión de que la izquierda de este país, especialmente los sectores que se consideran más contestatarios y revolucionarios, parece sentirse a gusto con ese complejo de inferioridad que nace del derrotismo y la marginalidad propios de un grupo que fue perseguido durante largos años.

        Hace aproximadamente un mes el Nega, miembro del siempre combativo grupo de rap "Los chikos del maíz" (del cual hay colgado un vídeo en este blog), escribía un artículo de opinión en Kaos en la red titulado Ska-P y el fetichismo de la derrota, en el que se hacía eco de las críticas vertidas contra la banda de Vallecas por el simple hecho de haber sido nominada por su último trabajo a un Grammy en la categoría de mejor álbum de rock. Independientemente de que se esté más o menos de acuerdo con lo que se expone en el artículo mencionado leerlo me ha servido para realizar una reflexión, comparto la idea de que importantes sectores de la izquierda en España parecen estancados en lo que se podría denominar como el gusto por la marginalidad y el derrotismo. Es una especie de opinión generalizada entre estos sectores de que lo "correcto" o lo "auténtico" es aquello que solo gusta a una minoría, que tiene una distribución limitada y huye del consumo de masas, porque esto último es sinónimo de venderse al sistema y ser un traidor a los principios de la Revolución. Esa Revolución utópica que por supuesto nunca llegará a plasmarse pero, ¡qué coño!, mejor aferrarse a un ideal que queda muy bien para los discursos y charlas entre colegas (eso de mantenerse fiel a tus principios), que renovar aunque solo sea un poco ciertos planteamientos.
     
          Tal y como indica el Nega parece que entre mucha gente de izquierdas el éxito sea algo negativo que hay que evitar a toda costa. Si "Ska-P" u otro grupo triunfan, venden muchos discos, llenan estadios y la industria discográfica se plantea premiarlos por ese motivo, ¡cuidado!, ya no son los que eran sino unos vendidos que se han bajado los pantalones ante el poder del capital. En ese caso es mejor acudir a un kasal okupa u otro garito de similares características a ver tocar a "Fibrosis kístika" y los "Malduchaos" (1), que son grupos auténticos por ir a contracorriente y no doblegarse ante las exigencias del mercado. En otras palabras, no los conoce ni su madre y a sus conciertos solo van cuatro gatos que se han perdido y han ido a parar allí de casualidad. El caso es que para se te considere realmente de izquierdas tienes que moverte por ambientes marginales, vestir de una determinada manera para que se te pueda identificar con el grupo, tener unos gustos estandarizados y bien definidos (por ejemplo, el perro y la bici están muy bien, pero bajo ningún concepto te pueden gustar los deportes de motor), mantener el típico discurso "antitodo" para que se vea bien que eres un auténtico inconformista y, en resumen, sentirse identificado con una minoría periférica que nunca parece dispuesta a entrar en el juego de la sociedad en general por mucho que pretenda cambiarla. Es la viva imagen del que queda al margen, del perdedor, pues la idea de la derrota está muy presente en la izquierda de este país.

        Tal vez sea por la Guerra Civil y la posterior dictadura que padecimos, pero la identificación inequívoca de la izquierda con los perdedores y los marginados sigue estando ahí. Es algo muy habitual y que he podido escuchar en boca de personas de distinta condición, criticar ferozmente a alguien de izquierdas por el simple hecho de haber triunfado en su vida profesional y disfrutar de un buen nivel de vida. Si te decantas por esa ideología no puedes ganar mucho dinero, ni tan siquiera si realmente lo mereces en virtud de tus méritos, tener una buena casa, disfrutar de un viaje yendo allí donde quieras, comer en un buen restaurante y así un largo etcétera. Si lo haces eres poco más o menos un delincuente, un cerdo, un falso y todos los insultos que se te puedan imaginar. La gente de izquierdas está obligada por prescripción divina a llevar una existencia miserable, vivir con austeridad cual ermitaño y, si te ganas la vida haciendo malabares delante de los coches que paran en los semáforos y recogiendo la calderilla que te puedan dar, mejor que mejor. De lo contrario cometes herejía.

       Obviamente esta visión de las cosas ha sido propagada por la derecha, que ha dominado y sigue dominando los resortes del poder en este país. Pero lo más curioso, y triste a la vez, es que mucha gente de izquierdas parece haber interiorizado ese discurso y se vanagloria de su marginalidad, de pertenecer a una minoría sin peso alguno, de ser poco menos que nada. Ellos son los auténticos, los que han abandonado el camino asfaltado tendido por el poder tomando una dirección distinta, la que casi nadie toma aunque eso que más dé, por ahí andan muy a gusto. Sin embargo da la impresión de que no quieran darse cuenta que hay ciertos senderos que no conducen a ninguna parte. La ambición es necesaria para triunfar en cualquier empresa importante y si el objetivo es legítimo no hay nada malo en ello, pero muchos siguen pensando que ser de izquierdas y ambicioso son cosas incompatibles. Que se lo hubieran dicho al difunto Hugo Chávez, ¿cómo si no logró todo lo que se proponía para Venezuela? Que los resultados sean los prometidos ya es harina de otro costal.

      En esas estamos y nunca se pierde la ocasión de echar pestes sobre ciertas "celebridades" (no me gusta esa palabra pero describe bien a esa clase de personas que casi todo el mundo conoce) por el hecho de ser de izquierdas. Podemos crucificar a la familia Bardem al completo por lo que hacen y han llegado a ser, o a Imanol Arias y Juan Echanove por estar fijos en una serie que parece no acabar nunca y pasearse por la Españas poniéndose hasta las trancas de buena comida y bebida ¡Joder que bien se lo montan estos putos rojos, viven mejor que quieren, menuda hipocresía la suya! Vamos a ver, ¿a quién cojones no le gusta vivir bien si tiene la oportunidad? Puede que los Bardem, Echanove y compañía no sean modelos de virtud, ¿quién lo es al fin y al cabo?, pero tampoco han matado a nadie. En el caso concreto de Javier Bardem digo yo que en eso de terminar convertido en una estrella de Hollywood habrá tenido algo que ver el hecho de que no es ni mucho menos un mal actor, al menos en mi opinión sus interpretaciones en películas como "Los lunes al sol" o "Mar adentro" me parecieron notables.

      Para concluir esta reflexión voy a citar la respuesta a un mail enviado a la redacción de la revista "Mongolia" en abril de este año. Un indignado lector criticaba sin paliativos el hecho de que la citada revista no publicara libremente sus contenidos en Internet e hiciera merchandising de toda clase de productos (el título de su correo era el muy sufrido "Cultura para todos"), en su opinión algo absolutamente impresentable para gente que se considera de izquierdas . La respuesta desde la redacción no se hizo esperar y fue contundente. Precisamente por ser de izquierdas no estaban dispuestos a regalar su fuerza de trabajo, algo que les servía para ganarse la vida de la misma manera que hay otros que se la ganan de muy distintas formas. Trabajar a cambio de nada no es ser de izquierdas, es esclavitud.


                                                                                                                                   El último de la clase


(1) NOTA. Los grupos "Fibrosis kístika" y "Malduchaos" son inventados y, como suele decirse, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
              

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