Acerca del Cuerpo Nacional de Policía

El predecesor del actual Cuerpo Nacional de Policía fue creado durante el reinado absolutista de Fernando VII. El monarca utilizaría a esta nueva fuerza para perseguir a los opositores liberales a su régimen.



National Police Corps of Spain Badge.svg       Los orígenes de las actuales fuerzas y cuerpos de seguridad del Reino de España hay que buscarlos en el siglo XIX, una época convulsa en la que el Estado sufrió importantes transformaciones motivadas por la llegada de la industrialización y las revoluciones liberales que comenzaron con la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos (1775-1783) y la Revolución francesa de 1789. Estas transformaciones supondrán un importante desafío, las instituciones existentes irán quedando obsoletas y habrán de ser sustituidas por otras más acordes con los nuevos tiempos. La creación de nuevos cuerpos policiales y paramilitares para el mantenimiento del orden público se enmarca en esta filosofía y es un proceso que se va dando en todas las naciones industrializadas durante esta época. Concretamente en España la Guardia Civil se crea en 1844 durante el reinado de Isabel II, pero incluso anterior es la creación de lo que actualmente es la Policía Nacional, cuyos antecedentes se remontan al año 1824.

          Según la entrada acerca de este cuerpo que podemos encontrar en la Wikipedia, la primera policía moderna del país se creó, o mejor cabría decir se reorganizó, durante el reinado de Fernando VII en virtud de un real decreto de 1824 que, entre otras cosas, rezaba:

"...sobre el arreglo de la Policía de mis Reinos... Circunscrita un día a una órbita demasiado estrecha... se limitó a precauciones proporcionadas a las circunstancias tranquilas en que se hallaba la Monarquía... y es preciso por lo tanto darles la unidad, la extensión y la fuerza que reclaman las variaciones de los tiempos y de las costumbres..."

          En este texto se expone con claridad que la nueva fuerza así creada debe estar diseñada para poder afrontar de manera eficiente "las variaciones de los tiempos y las costumbres", proporcionando seguridad a la Monarquía y garantizando el orden establecido. Obviamente la nueva Policía General del Reino cumpliría con las funciones que todos pensamos, mantenimiento del orden público y persecución de malhechores y criminales de todo tipo para ponerlos a disposición de la Justicia. Al fin y al cabo a eso se dedican los polis que vemos en las numerosísimas películas y series de televisión con las que nos bombardean, los "héroes cotidianos" que velan por nuestra seguridad, nos protegen y limpian las calles de toda la escoria humana que solo busca perturbar la paz.

          Pero hagamos un alto y recapacitemos acerca de las circunstancias históricas que rodearon la creación de la antecesora de la actual policía, es entonces cuando salen a la luz otras posibles motivaciones que nunca se exponen en los textos oficiales. Pongámonos en situación, finalizada la devastadora ocupación francesa el monarca Fernando VII, conocido hasta el momento como "El Deseado" por muchos españoles, regresa en 1814 y reinstaura un régimen absolutista que concentra el poder en su persona y sus colaboradores más allegados, suprimiendo las Cortes de Cádiz y derogando la Constitución de 1812 (esa que es popularmente conocida como "la Pepa"). Un gran número de personas de ideas liberales, que incluían a intelectuales, algunos sectores de la burguesía y el ejército y a miembros de sociedades masónicas, se aprestan entonces a conspirar contra el rey convertido ahora en un tirano. Todos serán declarados enemigos del Estado y perseguidos en consecuencia. No obstante en enero de 1820 tiene lugar un alzamiento en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) liderado por el general Rafael del Riego, que originalmente debía comandar una expedición militar contra las emancipadas colonias de América Latina, una emancipación que no solo lo es por la independencia y contra la metrópoli, sino también contra un régimen autoritario. La insurrección se extiende con rapidez por toda España y Fernando VII se ve obligado a jurar la Constitución el 10 de marzo, iniciándose así el llamado Trienio Liberal. Ahora se aprueban medidas contra el absolutismo, se suprimen los señoríos y también la odiada Inquisición, un símbolo de terror que había imperado durante siglos.

         Sin embargo durante todo este periodo el tirano no cejará en su empeño de restaurar el Antiguo Régimen y conspira para derrocar a los liberales con los que comparte el poder. Para ello contará con el apoyo de las potencias absolutistas europeas (la autodenominada "Santa Alianza") que en octubre de 1823 intervienen enviando contra España un ejército compuesto por soldados franceses y mercenarios conocido como los Cien Mil Hijos de San Luis. Gracias a esta intervención Fernando VII recupera su poder absoluto y comienza la llamada Década Ominosa (1823-1833), en la que los liberales son ferozmente perseguidos y se produce el cierre de periódicos y universidades, así como la prohibición de las logias francmasónicas. Esta represión genera infinidad de mártires, el propio general Riego fue ejecutado en la Plaza de la Cebada de Madrid el 7 de noviembre de 1823, pero también cabe recordar a la heroína Mariana Pineda, ejecutada a garrote vil el 26 de mayo de 1831 por negarse a delatar a sus compañeros de la causa liberal. Estas medidas enviaban un mensaje muy claro a los opositores, al régimen no le iba a temblar la mano a la hora de aplicar los castigos más duros sin excepciones.

        Obviamente Fernando VII y quienes le apoyaban no estaban dispuestos a cometer los mismos errores que condujeron al pronunciamiento de 1820, no serán cogidos por sorpresa una segunda vez. Resulta cuanto menos llamativo que el real decreto que da origen a la nueva fuerza policial se promulgue meses después de la segunda reinstauración del absolutismo en España. Para cortar de raíz todo tipo de conspiraciones se hacía necesario realizar una adecuada identificación, seguimiento y detención de los principales elementos liberales (por entonces tildados de "anarquistas") y es ahí donde entra la reformada Policía General del Reino. Por aquel entonces su papel como instrumento de represión al servicio del Estado queda fuera de toda duda, los agentes de la ley estaban en la obligación de perseguir a todo tipo de delincuentes y, en aquellos años, oponerse a la tiranía del que terminó siendo conocido como el Rey Felón era uno de los delitos más graves.

        De esta manera echó a andar nuestra Policía Nacional, a lo largo de todo este tiempo no es ningún secreto que, entre sus funciones, ha estado la de reprimir a los opositores políticos de este u otro gobierno de carácter autoritario, incluso a aquellos que se oponían a los mismos de forma pacífica. Si no que se lo digan a todos aquellos que durante el franquismo tuvieron que correr por las calles con los grises porra en mano pisándoles los talones. En la actualidad se presupone que vivimos bajo un régimen democrático, que respeta las libertades fundamentales de los ciudadanos y en el que éstos pueden elegir libremente a sus gobernantes, al menos en teoría. Sin embargo todavía podemos ver no pocas muestras de autoritarismo en el tratamiento que los gobiernos democráticamente elegidos dan a las protestas en la calle, especialmente a raíz de la crispación social provocada por las políticas de austeridad patrocinadas por los partidos mayoritarios que se alternan en el poder. Se puede decir que la brutalidad policial es algo con lo que hay que contar a la hora de participar en cualquier protesta o movilización, que sea pacífica no supone una garantía y la sensación de impunidad va en aumento, casos hay muchos y cualquiera podría poner un ejemplo. Se podría pensar que exagero, pero noticias como el espectacular incremento del gasto estatal en material para las Unidades de Intervención Policial (UIP), más conocidos como antidisturbios (1), en una época de recortes generalizados, muestra a las claras cuáles son las prioridades del actual gobierno del Partido Popular. En ese sentido quizá haya algunas cosas que no han cambiado tanto desde los tiempos del reinado de Fernando VII.

                                                                                                                                     Kwisatz Haderach  

(1) Aumenta un 1.780% el gasto en material antidisturbios.                 

    

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