Una reflexión sobre la importancia de la cerveza a lo largo de la Historia

Durante la Edad Media la cerveza era la bebida básica de la mayoría de la población en muchas partes de Europa. La razón hay que buscarla en el temor a enfermar por beber agua contaminada. 


       Es de sobra conocido que en la Europa de la Edad Media, especialmente en las naciones del norte del continente, fueron los monjes de abadías y monasterios quienes no solo mantuvieron la tradición de elaborar cerveza, sino que además innovaron en los procesos de fermentación mejorando un producto que llevaba acompañando a los seres humanos desde los lejanos tiempos de las primeras culturas en Mesopotamia y el Antiguo Egipto. Hacia el siglo XI comienza a extenderse la costumbre de añadir lúpulo al fermentado de la malta de cebada o trigo, un aromatizador y conservante más eficaz que otros productos empleados con anterioridad como el mirto, siendo éste un método de elaboración que se estandarizó y ha llegado hasta nuestros días. Se podría decir por ello que la cerveza tal y como la conocemos surgió en la Edad Media.

       No obstante mucho más importante que todo eso fue el papel que la cerveza tuvo en el terreno de la salud pública durante el medievo. En aquellos tiempos en los que la ciencia médica estaba especialmente atrasada en la mayor parte de Europa, no existía forma alguna de garantizar que la gente no enfermara por beber aguas contaminadas, algo por otra parte normal cerca de cualquier asentamiento humano de la época dadas las pésimas condiciones de salubridad. Lo habitual era que las ciudades careciesen de sistemas de alcantarillado y los residuos se arrojaban directamente a la calle o al curso de agua más cercano. Puede que las gentes de entonces no estuvieran en absoluto instruidas en relación a la higiene y la salud, pero nadie con sentido común se atrevía a tomar agua de ríos que circulasen junto a poblaciones y mucho menos de acumulaciones estancadas. De hecho beber agua era una actividad de alto riesgo sinónimo de enfermedad y muerte.

       Pero si la gente de la Edad Media no bebía agua por ese motivo, ¿qué bebía? En muchos rincones de Europa la respuesta era cerveza. En los procesos de elaboración desarrollados por entonces hervir la mezcla de agua con malta, previo al inicio de la fermentación, se había convertido ya en práctica habitual como forma de obtener un producto deseable. Inconscientemente los artesanos cerveceros habían dado con un método que esterilizaba la bebida que elaboraban, salvaguardando así a sus consumidores de peligrosos microorganismos patógenos. En cierto modo eso lo sabía todo el mundo, si bebías cerveza no enfermabas y en aquellos tiempos ésta constituía además un suplemento alimenticio que aportaba ciertos nutrientes que no podían encontrarse en la pobre dieta del campesinado, como por ejemplo minerales como el potasio, el magnesio o el fósforo, o vitaminas como la B1 y la B6. De hecho tal era su importancia en ese sentido que hasta los niños pequeños la tomaban.

       Así fue como la cerveza se convirtió en la heroína silenciosa y casi desconocida del medievo europeo, salvando millones de vidas que de otra forma hubieran perecido al exponerse a beber agua infecta, al tiempo que reconfortaba los cuerpos y las almas de aquellos que se reunían para compartir con los suyos con una jarra en la mano.

Para ampliar sobre este tema recomiendo el siguiente documental:


                 

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