Una parábola sobre el Gobierno

El actual gobierno del Partido Popular se ha comportado como si fuera una compañía telefónica fraudulenta, buscando captar mediante engaños al mayor número posible de incautos para luego incumplir sistemáticamente todo lo prometido.


       Imaginemos el siguiente supuesto. Llama a nuestro timbre un comercial de esos que va ofreciendo sus productos puerta por puerta, le abrimos por pura cortesía y éste se presenta mostrando una amplia sonrisa, parece muy simpático y amable y escuchamos lo que tiene que decir. Asegura trabajar para una compañía telefónica de las más conocidas y prestigiosas (para el ejemplo que nos ocupa el nombre es lo de menos), razón por la cual inspira más confianza. Rápidamente pasa a explicar el producto que ha venido a vendernos, un nuevo paquete integrado que incluye una tarifa plana de telefonía fija, para el número de teléfono móvil que queramos e Internet, además de televisión por cable. Todo lo que nos cuenta es absolutamente estupendo, la compañía busca "reventar el mercado" con una oferta revolucionaria para clientes tanto antiguos como nuevos, pues a ambos se les ofrece la posibilidad de pasarse al nuevo contrato. Vas a pagar mucho menos de lo que pagabas antes y las ventajas parecen no terminar nunca: llamadas desde fijo a móvil o incluso al extranjero incluidas en la tarifa plana, Internet a una velocidad muy superior a la que ofrece cualquier otra compañía de la competencia, 1.000 minutos de llamadas gratis en el número de móvil a incluir en el contrato más 1.000 SMS y televisión por cable con todos los canales posibles ¡Vas a poder ver no solo la Liga española de fútbol sino además las de otros países y hasta la NBA en directo y todo! El comercial explica que, con la crisis, la compañía ha decidido tomar la iniciativa ofreciendo este paquete para no perder clientes y así copar el mercado. Resulta prácticamente imposible ignorar el canto de sirenas y, claro está, terminamos firmando el contrato sin haberlo pensado detenidamente porque la necesidad apremia, nos dicen que hay que aprovechar la oferta ya que solo durará unos días, pasado ese tiempo no será posible acceder al servicio en condiciones tan ventajosas.

         Hasta ahí pensamos que hemos pescado un chollo, algo de lo que presumir ante aquellos que no lo han hecho. Pero no es oro todo lo que reluce. Una vez activado el servicio contratado descubrimos que las cosas no son como esperábamos. Internet no nos va ni la mitad de bien que nos iba antes, hay problemas de conexión cada dos por tres, además los canales por cable no son tantos como nos habían prometido, de los de fútbol ni rastro, pero tampoco hay apenas de cine, música, documentales y otros; casi se podría decir que nos ha quedado una TDT ligeramente ampliada. En cuanto a las llamadas la sorpresa viene con la primera factura. Ésta resulta ser escandalosamente desorbitada, terminamos pagando muchísimo más que con la anterior compañía porque te han cobrado buena parte de las llamadas que has hecho con el móvil e incluso las del fijo. Es como si no hubieras contratado ninguna tarifa plana, de hecho todo lo que te contó el vendedor que llamó a tu puerta parece ser mentira.

         Por supuesto reclamamos porque la explicación de la factura que nos ha venido a casa es prácticamente ininteligible, la vía ordinaria es llamar al número de atención al cliente. Pasamos por un infierno de contestadores automáticos de esos que te van diciendo, "para acceder a este servicio pulse dos, para acceder a este otro pulse tres", hasta que al fin una persona de carne y hueso se digna a ponerse del otro lado de la línea. Exponemos nuestro caso pero es como si se le hablara a una pared, las condiciones del contrato estipulan exactamente lo que tenemos según nos explican y no hay nada que discutir. Tarifa plana en llamadas desde fijo o móvil sí, pero solo a determinadas horas entre semana y nunca los fines de semana, si no te las cobran a precios especialmente abusivos. En cuanto a lo de Internet y la televisión por cable, bueno, has adquirido el paquete más básico y se quieres algo decente debes contratar los extras con el incremento correspondiente en la factura. Ya puedes desgañitarte todo lo que quieras por teléfono porque has firmado un contrato y, en las tres páginas de letra pequeñísima que se encuentran tras la primera hoja, viene por escrito todo lo que te ha dicho el operador que te atiende, si bien en un lenguaje farragoso específicamente diseñado para que no se entienda demasiado bien lo que pone. Entonces replicas indignado que deseas rescindir el contrato y descubres para tu desgracia que ya no es posible y que éste te obliga a una permanencia de cuatro años so pena de pagar una multa inadmisible dado lo abultado de la cantidad, lo pone en otro de esos incomprensibles párrafos que anda perdido en medio de otras tantas cláusulas. Podrías haberlo rescindido a lo largo de la semana que trascurrió después de la visita del comercial, pero claro, descubriste el pastel un mes después cuando llegó la primera factura. Por mucho que protestes la compañía se escuda una y otra vez en el argumento de que firmaste el contrato aceptando todas sus cláusulas, que por supuesto no tenías ni idea de cuáles eran porque no te las explicaron, solo te contaron patrañas para embaucarte. Firmaste el contrato y firmaste el contrato, eso es lo único que vale y punto, encadenado a él por cuatro años.

      Ante una situación como la que he descrito antes, ¿no cabría denunciar que has sido víctima de una estafa y que las cláusulas del contrato son abusivas y hasta ilegales? Cualquiera con un mínimo de sentido común demandaría a la compañía y exigiría que se le devolviera el dinero, amén de reclamar la anulación inmediata del contrato. Se esperaría también que la Justicia actuara en consecuencia y fallara a favor de los clientes engañados. Cuanto menos se buscaría y denunciaría a los responsables de semejante forma de proceder, ya fueran los propios comerciales que mentían descaradamente a propósito para firmar el máximo número de contratos posible o sus superiores, que les ordenaban actuar de esa manera con idéntico objetivo. Hasta aquí no creo que nadie esté en desacuerdo con lo que digo, si te han estafado no puedes quedarte de brazos cruzados y dejar que unos sinvergüenzas se salgan con la suya.

     Esta historia sobre la compañía telefónica sirve de ejemplo para ilustrar el comportamiento del gobierno presidido por el señor Mariano Rajoy Brey. En noviembre de 2011 entraron en nuestras casas para pedirnos el voto a cambio de infinidad de promesas. Prometieron que nos sacarían de la crisis rápidamente, prometieron que bajo su mandato comenzaría a crearse empleo y no se destruirían más puestos de trabajo, prometieron que no habría subidas de impuestos, prometieron ayudar a la pequeña y mediana empresa, hasta prometieron que su política de "rigor presupuestario y ajustes necesarios" no afectaría a los servicios públicos o a partidas tan necesarias como las destinadas a la investigación. Aseguraban ser "la solución que necesitaba España" y muchos depositaron su confianza en el supuesto proyecto del Partido Popular apoyándolo con su voto.

     Pero más de año y medio después de la tan cacareada victoria electoral, ¿qué es lo que tenemos? Rajoy y los suyos han incumplido todas esas promesas que proclamaron a los cuatro vientos cuando reclamaban el voto a los ciudadanos. Las previsiones ya hablan de que la tasa de paro alcance el 28% en 2014, cuando a finales de 2011 estaba en el 23% (1). La deuda pública del Estado no hace más que aumentar, ha pasado de estar en el 69% del PIB a finales de 2011 a alcanzar el 88% del PIB durante el primer trimestre de este año (2). Entretanto las ayudas a la investigación y la cultura se desvanecen, la pobreza continúa aumentando hasta niveles alarmantes (3), los servicios públicos se desmantelan y, dando un paseo por un barrio cualquiera de nuestras ciudades para comprobar el número de comercios que han echado el cierre, queda bien claro cuál ha sido el apoyo que el Gobierno ha dado a los pequeños empresarios. Es imposible dejar de tener la impresión de que engañaron al personal para hacerse con el poder y, una vez aferrados a él, qué importa lo que se dijo en su día, hacemos lo que nos viene en gana o lo que se nos ordena desde fuera. Una y otra vez se escudan en la "legitimidad que les dieron las urnas", comportándose así como el embaucador que llega a tu casa contándote toda clase de mentiras para que eches la firma en el contrato que te pone delante. Pero esa excusa ya no es suficiente ni de lejos, el "vótame y luego vete a tu casa y no molestes en los próximos cuatro años" equivale a una estafa y, ampararse en ella, es como usurpar el gobierno de la nación.

    Si todo el mundo entiende que se debe denunciar un contrato fraudulento, esa misma lógica ha de extrapolarse a las exigencias que les realizamos a nuestros gobernantes. No pueden permanecer en su puesto con un cheque en blanco entregado por la ciudadanía, más cuando el Partido Popular ostenta un poder desproporcionado en relación al apoyo que recibió en las últimas elecciones. Esto último puede comprobarse viendo los resultados de las elecciones generales de 2008 y 2011 (4), pues veremos que en las últimas Rajoy cosechó un número visiblemente menor de votos que Zapatero en las anteriores. Mientras, la suma entre abstenciones, votos nulos y votos en blanco ascendió hasta situarse casi en el 31%, lo que en la práctica significa que menos de la tercera parte del electorado apoyó al Partido Popular en los últimos comicios. Y a pesar de ello gobiernan con una cómoda mayoría absoluta tratando de hacer creer que "una amplia mayoría de españoles les votaron" ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que nos estafen de semejante manera?


                                                                                                                                               Juan Nadie            

Fuentes:

            

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