El fantasma de las dos Españas

Esta historia podría haber tenido lugar en cualquier punto de nuestra geografía, ocurrió allá por los años setenta hacia el final del franquismo y empieza como sigue. Es una plácida tarde de verano en un pequeño pueblo del interior, una mujer joven recientemente casada y con un niño de apenas un año pasea en compañía de su suegra de regreso a la casa de ésta, pues ella y su marido están pasando allí unos días. Justo antes de llegar la suegra, pongamos que su nombre es Teresa, se encuentra con una vecina que la saluda, una mujer de edad ya ciertamente avanzada, aspecto tranquilo y vestida con el típico traje negro tan propio de la España rural hasta no hace mucho.


     - ¡Buenas tardes Teresa! - saluda la vecina - ¿Qué, de paseo con tu nuera?
     - ¡Buenas Vicenta! - responde la suegra de la mujer joven - ¡Sí, ya vamos de regreso a casa! ¿Todo bien?
     - ¡Pues ya ves, vamos tirando, vamos tirando! - justo antes de retirarse tras la persiana de su casa la vecina pregunta - ¿Oye Teresa, no me acompañarías esta tarde a misa?
     - Lo siento hoy no puedo Vicenta, tal vez mañana.
     - De acuerdo, pues entonces mañana. Hasta luego.

           Después de despedirse Teresa y su nuera, pongamos que se llama Alicia, continúan caminando en silencio como si nada. No obstante, al llegar al umbral de su casa, Teresa le comenta suspirando a la joven esposa de su hijo:

      - ¡Ay que ver cómo son las cosas!
      - ¿Por qué dices eso? - pregunta extrañada Alicia -.
      - No nada, lo digo por Vicenta, mi vecina - comienza a relatar su suegra con el rostro ensombrecido -. Nadie lo diría ahora, pero cuando la guerra, el día que los nacionales llegaron al pueblo, participó en algo que ni te imaginas. Yo y otros lo presenciamos, los soldados cogieron a varios vecinos y los acusaron de ser rojos, casi todos eran chicos muy jóvenes. Vicenta se unió a los nacionales pistola en mano y dando voces muy exaltada, porque ella siempre ha sido muy de derechas, y se fue con ellos hacia el cementerio. Allí fusilaron en una tapia a todos los que habían cogido, algunos pudimos verlo de lejos, y también vimos como Vicenta iba después y disparaba el tiro de gracia en la cabeza a cada uno de los que quedaron en el suelo. Puede que alguno aún estuviera vivo.

         La por entonces joven Alicia quedó muy impresionada por aquella historia, no se podía creer que la mujer ya anciana que acababa de ver hubiera podido hacer algo semejante. Sintió escalofríos, pero no era la primera vez que escuchaba cosas así, de hecho llevaba toda la vida oyéndolas.

     - Desde luego tenías razón Teresa, ¡qué cosas! - pudo decir al fin -.
     - Mira hija, eso pasó hace mucho tiempo y es mejor no hablar más de ello porque no traería nada bueno - aconsejó su suegra -. Son cosas del pasado y es mejor olvidar.

        Todo y que esto es una dramatización, los nombres de los personajes han sido cambiados y las palabras exactas a buen seguro fueron otras, la historia que acabo de contar es verídica y muestra con claridad lo que supuso la Guerra Civil y el periodo posterior de silencio impuesto. Sucedió en un pueblo llamado Enguera y fue mi madre quién me la contó, después de que mi abuela se la contara a su vez aquel día. No podemos saber si aquella mujer que remataba a los hijos de sus vecinas junto a la tapia del cementerio llegó arrepentirse de sus actos, tal vez por eso fuera a la iglesia a rezar todos los días o tal vez no. Lo que si puedo decir es que las personas que vivieron aquellos hechos, como por ejemplo mi abuela, no tuvieron más remedio que asimilarlos hasta que el silencio terminó normalizándolos "porque son esa clase de cosas que pasan y ante las que no puedes hacer nada". Así era España en aquella época, víctimas y verdugos viviendo a veces puerta con puerta, como si nada hubiera sucedido y todo fuera de lo más normal.

        ¿Hemos cambiado mucho en la actualidad? A juzgar por el olvido y abandono que sufren las víctimas del franquismo a día de hoy diría que no demasiado. Dicen que esas dos Españas ya no existen, que son algo del pasado, que hay que olvidar y mirar al futuro. Pero en ese futuro, y también en nuestro presente, ese fantasma sigue rondando y está más vivo de lo que muchos piensan. Porque siguen habiendo dos Españas, la de los "deshauciadores" y la de los deshauciados, la de los "recortadores" y la de los recortados, la de los que dan palizas y la de los que las reciben, la de los privilegiados que lo tienen todo y la de los que cada vez tienen menos y así podíamos estar enumerando hasta cansarnos ¿Quién está a cada lado? ¿Han cambiado mucho las jerarquías desde la muerte del dictador? Basta con mirar la actualidad para comprobarlo y descubrir que los que siempre estuvieron arriba lo siguen estando y los que estamos abajo ahí parece que nos quedaremos ¿Vamos a seguir agachando la cabeza, a resignarnos y a permanecer en silencio tal y como hicieron en su día mi abuela y otros tantos? ¿Hasta cuándo? Después de todo la cuestión es simple, si los que están a un lado no se unen para hacer fuerza y empujar en una misma dirección, los que están en el otro nunca cederán.                    

Kwisatz Haderach        


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