Barrick Gold. Crímenes en la sombra

          En su edición del pasado mes de abril la publicación satírico-crítica "Mongolia" se hacía eco de una noticia (en este caso seria) relacionada con una operación de la multinacional canadiense Barrick Gold, llevada a cabo por el ex presidente de gobierno José María Aznar en la República Dominicana. Tal y como su propio nombre indica, la actividad prioritaria de Barrik Gold es la explotación de yacimientos de oro por todo el mundo y la mina de Pueblo Viejo situada en el citado país caribeño es un apetitoso filón del que espera obtener unos 1.800 millones de dólares de ingresos brutos anuales, ya que la capacidad de extracción de la misma se cifra en más de un millón de onzas al año.

           Según informa el artículo mencionado, Aznar entró en nómina de esta compañía como lobista en 2011. En el caso que nos ocupa, el papel desempeñado por el ex presidente para la misma consistió en entrevistarse de forma privada con el mandatario dominicano, que pronto afrontaría la campaña para la reelección, Danilo Medina durante la celebración de la última Cumbre Iberoamericana, que tuvo lugar en Cádiz  el pasado noviembre. Supuestamente la finalidad de dicha reunión privada era "abordar aspectos sobre la economía nacional (de la República Dominicana) y sus perspectivas futuras", aunque obviamente y traducido a un lenguaje que todos podemos entender mucho mejor, el tema principal a tratar era el contrato entre Barrick Gold y el gobierno del país caribeño para la explotación del yacimiento de Pueblo Viejo. El artículo también se hace eco de lo extremadamente desigual del reparto fruto de dicho acuerdo, pues de los ingresos brutos que generará la mina durante los tres primeros años de explotación, el 97% irán a parar a manos de la multinacional y el 3% restante serán para el gobierno dominicano. Desde este punto de vista nadie puede decir que el ex presidente Aznar haya hecho un mal trabajo para quienes lo contrataron.

           Más allá del papel que juegan antiguos jefes de gobierno, ahora reconvertidos en lobistas al servicio de grandes trasnacionales, y gracias al cual obtienen abultados ingresos, la noticia arriba mencionada pone de relieve una forma de actuar que está a la orden del día en los tiempos que corren. Compañías como Barrick Gold, la trasnacional minera dedicada a la extracción de oro más grande del mundo (con más 27 explotaciones activas en Norteamérica, Latinoamérica, África y Oceanía; además de unos ingresos en 2012 de 14.547 millones de dólares), disponen de tal poder e influencia que pueden hacer y deshacer acuerdos a su antojo negociando muy a menudo condiciones terriblemente injustas. Negociaciones que, dicho sea de paso, suelen tener lugar de espaldas a la opinión pública. El mal no proviene ya solo del muy desigual reparto de la riqueza, sino también del impacto que la actividad de la multinacional provocará en suelo dominicano, ambiental, social y hasta político (ya que si se puede sobornar a la clase dirigente de un país para alcanzar un acuerdo claramente desventajoso para el mismo, por mucho que luego esta intente echarse atrás y denuncie el contrato tal y como recientemente ha sucedido en este caso,  el sistema de garantías que presuntamente impide caer víctima de semejantes abusos se vuelve completamente inútil).

         Y es que, a pesar de ser una compañía fundada en 1983, Barrick Gold tiene ya un largo historial de atropellos. La mayoría de ellos están relacionados con la técnicas de extracción, en las que se emplea cianuro y la apertura de grandes explotaciones a cielo abierto en las que se practican movimientos de tierras a escala masiva, y que producen daños en los ecosistemas y también en la salud humana. Esto se pone de manifiesto en las numerosas denuncias que se han interpuesto contra la compañía principalmente en Latinoamérica, entre las que destaca, por ejemplo, la relacionada con la intención de ampliar las explotaciones de Veladero y Pacua Lama, ubicadas en la Reserva de la Biosfera del Parque Nacional San Guillermo (provincia de San Juan, noroeste de Argentina, en la divisoria con los Andes).

         Pero más grave incluso que el impacto ambiental antes mencionado son las acusaciones de violaciones de derechos humanos que Barrick Gold ha perpetrado en algunas partes del mundo. Son especialmente terribles los sucesos acaecidos en mina Porgera (Papúa Nueva Guinea) a partir de 2009. Según una denuncia de Amnistía Internacional, poblaciones de campesinos ubicadas en la zona de explotación fueron expulsadas de manera violenta por una fuerza policial, que culminó dicha expulsión quemando las propiedades de los lugareños (casas, plantaciones y bienes varios) y dando muerte a su ganado, lo que dejó como resultado que estos se quedaran absolutamente sin nada. Los abusos no obstante no terminaron ahí. Barrick Gold dispone en Porgera de una fuerza privada compuesta por unos 450 guardias de seguridad, que en teoría deben defender la explotación de actividades extractivas ilegales, pues un gran número de desheredados se aproximan a ella para obtener los pocos residuos de oro que quedan entre los despojos (de hecho la única forma que le queda ya de ganarse la vida). Todo y que estos mineros ilegales se enfrentan en ocasiones de forma violenta a los guardias, la desproporción en las actuaciones de los mismos resulta sencillamente injustificable. Human Rights Watch recoge diferentes testimonios de mujeres que fueron violadas en grupo por los agentes de seguridad de la mina tras ser atrapadas en los campos de residuos. Casos como estos no fueron aislados y los abusos, en la forma de agresiones sexuales, palizas y torturas, se reprodujeron en repetidas ocasiones. Barrick Gold aseguró más tarde que tomó medidas drásticas en colaboración con las autoridades para hacer frente a tan lamentables hechos, se practicaron despidos y arrestos y se estableció un presunto control para impedir la repetición de los mismos. Sin embargo y según Human Rights Watch asegura, la forma de actuar de la compañía hasta la fecha, que no tomó cartas en el asunto y trató de ocultarlo hasta que el escándalo terminó por estallar, ha erosionado gravemente su credibilidad de cara a las comunidades locales.

         Barrick Gold es solo una más de entre las varias trasnacionales que destacan por sus comportamientos poco éticos y hasta lesivos. Denuncias como la arriba mostrada tienen una escasa o nula trascendencia mediática, en nuestras sociedades más desarrolladas estamos por otras preocupaciones, sin embargo son una gota más en el inmenso océano de violaciones de derechos humanos y desastres medioambientales perpetrados por las élites económicas y financieras dominantes. Crímenes de los que casi nadie se hace eco, que quedan en la sombra porque tienen lugar en países o regiones olvidadas de Asia, África, Latinoamérica y Oceanía, allí donde viven los que no tienen voz al estar sumidos en la más absoluta miseria. El caso de mina Porgera se repite de diferentes formas en otras muchas partes del mundo, a día de hoy, y lamentablemente seguirá produciéndose a no ser que cambien mucho las cosas. Tan solo nos queda mantenernos alerta y denunciar, hacer saber lo que casi nadie nos cuenta porque no interesa, para que los crímenes en la sombra y las maniobras llevadas a cabo de espaldas a la ciudadanía queden al descubierto al igual que sus autores.

Artículo escrito por: El Segador.                   
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