A la caza del parado (que abunda y es una presa fácil)



La caza del parado se ha convertido en el deporte favorito de numerosos personajes sin escrúpulos. En la España actual abundan y son una presa fácil.


          La experiencia del desempleo, y más si se trata de paro de larga duración, es siempre algo desagradable, cuando no a veces incluso trágico. Lo vemos todos los días, en televisión, en los diarios, en las conversaciones que mantienes con vecinos, familiares o amigos; se ha convertido en un tema casi ineludible. Con más de la cuarta parte de la población activa del país sin empleo, además de unas tasas de paro juvenil escandalosas, el problema se puede calificar en toda regla como de tragedia nacional. Estamos ante algo así como el escenario de una catástrofe, como los huracanes o tsunamis que en ocasiones arrasan algunas regiones del mundo, solo que en este caso las víctimas de la catástrofe están todas ellas vivitas y coleando (no siempre, pues por desgracia algunos no lo resisten más y terminan quitándose la vida porque les desborda su situación personal) y su agonía se va a seguir prolongando quién sabe cuánto tiempo más.


          Cuando sobreviene algún tipo de desastre que deja tras de sí una elevada cifra de víctimas el hedor de los cadáveres termina atrayendo irremediablemente a los carroñeros, que esperan disfrutar del opíparo banquete que les brinda semejante oportunidad. El desastre del paro en España no es muy distinto y la experiencia personal como desempleado me ha demostrado en estos últimos años que el irresistible aroma de la tragedia humana termina atrayendo a una clase muy particular de carroñeros, sujetos sin escrúpulos de toda índole que ven en este escenario la ocasión perfecta para enriquecerse en mayor o menor medida a costa de la desgracia ajena. No hablo ya de los empresarios de corte digamos "clásico", que han aprovechado la coyuntura para practicar EREs, rebajar los sueldos lo máximo posible, empeorar las condiciones laborales y exigir a sus subordinados dar todo lo que puedan de sí hasta que revienten (porque si no, ahí tienes la puerta y fuera tengo a cien esperando para ocupar tu puesto, gente que está dispuesta a rebajarse incluso más que tú ya que no les queda otro remedio). Estos entrarían en la categoría de los que aún podríamos considerar como "decentes", después de todo la situación de la empresa puede ser realmente mala y hay que ajustarse a ella. Yo estoy hablando de otra clase de fauna que prolifera hoy en día, supuestos "empresarios", si es que de verdad se les puede llamar así, que van por ahí ofreciendo supuestos trabajos que en realidad a veces ni tan siquiera se los puede considerar como tales. Los he venido a clasificar en dos categorías: los infraempleos y las ofertas trampa.

         Los infraempleos son incluso menos que los ya famosos minijobs esos de Alemania, ofertas de trabajo casi siempre dentro del sector de las ventas a puerta fría bajo unas condiciones ciertamente deleznables. Quien haya pasado por alguno de ellos sabrá de lo que estoy hablando, pues este tipo de "oportunidades de empleo" proliferan como las setas en el bosque después de las lluvias de otoño. El escenario es casi siempre el mismo, bajo cutre salchichero o piso de similares características en una calle cualquiera, en el que suelen esperar dos tipos de personajes, cabezahuecas de gimnasio con "sonrisa profident" o tipos garrulos que pretenden ocultar su chabacanería con sus impecables trajes y corbatas. De entrada todo es "superguay" si aceptas entrar a trabajar, música discotequera para recibirte cada mañana, ambiente joven y desenfadado y todas esas mierdas. "¡Aquí nos divertimos mucho, esto no es como en otros sitios donde todos son muy serios y estirados!", te dicen tus nuevos jefes en plan coleguetas del curro. Luego la realidad es otra muy distinta. Olvídate de tener una nómina, o te haces autónomo o te haces autónomo, la cotización a la Seguridad Social corre de tu cuenta, el contrato laboral una entelequia desconocida. Tienes que desplazarte porque tu cometido consiste en ir a agobiar a la gente a sus casas, ¡sin problema!, usa tu propio coche y págate la gasolina y, si no lo tienes, ve en metro o autobús y págate tú también los billetes de tu propio bolsillo; ese dinero a fondo perdido es una "inversión" que has de hacer en tu futuro. Si debes usar el teléfono móvil para cerrar ventas, ¡tranquilo!, gasta el tuyo y págate las facturas porque eso es otra "inversión" (sí, sí, no me he metido nada raro antes de escribir estas líneas, esto se está dando). Por supuesto olvídate también de las dietas si tienes que comer por ahí y no vengas con historias, porque lo único que importa es vender, vender y vender, vender lo que sea y como sea, contratos de luz o gas, de telefonía, Internet, cursos de formación en academias de las que nunca has oído hablar, enciclopedias o cualquier otra porquería imaginable, porque además en este mundillo la espiral de subcontratas desciende hasta niveles inimaginables. Y si no vendes no te preocupes que no verás un puto céntimo, un salario base es un privilegio inalcanzable y todo el tiempo perdido en ir de edificio en edificio aporreando puertas para que luego te las cierren en las narices no habrá servido de nada. Has trabajado para perder dinero en vez de ganarlo y, lo mejor de todo, ni tan siquiera habrás cotizado un mísero día.

        Si los infraempleos ya parecen una bazofia espera a ver las ofertas trampa, hacen que los primeros resulten algo casi deseable. La versión light es la de aquellas "empresas" que solo buscan obtener datos de contacto de tus familiares y amigos para llegar hasta ellos e intentar venderles lo que sea una vez más, depuradores de agua, aspiradoras de diseño supuestamente revolucionario, colecciones de DVD de vete tú a saber qué, etc. Todo aquel que cae en sus redes muerde el anzuelo con la esperanza de acceder a un empleo que parece medianamente decente. Lo que pasa es que para llegar hasta ahí hay que pasar primero por un "periodo de prueba" obligatorio que consiste en acudir a casa de tus padres, hermanos, primos, colegas para realizar la demostración de venta del producto en cuestión, tutelado eso sí por un comercial "experto" que llevará la voz cantante. Te lo venden como una especie de ensayo de lo que tendrás que realizar después, sin embargo el objetivo real de esas visitas es, además de intentar colar el producto por supuesto, obtener más datos de contacto para así llegar a un número mayor de personas a las que embaucar. Una vez ya han exprimido tu círculo familiar y de amistades te dan la patada en el culo argumentando "que no respondes al perfil que está buscando la empresa", a no ser claro está que seas tan hijo de puta como para endosarle a tu familia o a amigos de toda la vida algo que en realidad no van a necesitar para nada y que además suele costar un riñón. Ni qué decir tiene que tampoco vas a cobrar un céntimo durante ese periodo de prueba porque todavía no estás contratado.

       Hasta ahí la versión suave de las ofertas trampa, ahora viene la heavy. Lo siguiente es una experiencia que viví en primera persona y me gustaría compartir. Recibes una llamada de alguien que te cita para una "entrevista", no sabes muy bien de quién se trata porque no te has apuntado a ninguna oferta que responda a lo que te están contando, pero decides acudir de todos modos. ¿Cómo han conseguido tus datos?, eso ya es otra cuestión. En principio no tienes nada que perder y te pica la curiosidad, aunque por supuesto ya te hueles algo raro. Al llegar al sitio en cuestión ves las claras señales de advertencia: bajo apestoso que lleva cuatro días abierto y en el que no hay cartel ni nada parecido que indique de qué se trata, una vez más música discotequera recibiéndote y una vez más, esperándote a la entrada, la típica panda de charlatanes trajeados con su filosofía barata del todo a cien sobre cómo triunfar en la vida. Luego llega la presentación, hay más como tú que también han acudido, y te das de bruces contra el clásico sistema sectario de venta piramidal importado de yanquilandia (productos de limpieza en el caso que nos ocupa, eso es lo de menos), aunque te lo disfrazan de un nuevo método superrevolucionario que está arrasando, la oportunidad de tu vida que no puedes echar a perder. No te hagas ilusiones, en un sitio así no te van a dar trabajo, lo único que buscan es sacarte la pasta ¿Cómo? Muy sencillo, si quieres formar parte de esa "gran oportunidad de negocio" vas a tener que soltar unos cuantos cientos de euros y así adquirir una serie de productos que luego ya te apañarás tú de vender por ahí a quién sea. De entrada la presentación también sirve para que te cuelen un muestrario de dichos productos, por valor de 30€ (que regalártelos no te los van a regalar), puesto que debes ir familiarizándote con ellos y convencerte de que son lo mejor de lo mejor. Aquello acabó convertido más bien en una encerrona, con los charlatanes abalanzándose como buitres sobre las desprevenidas víctimas para insistir machaconamente en que al menos comprasen el muestrario de extraordinarios artículos de limpieza. Obviamente salí de allí sin dignarme tan siquiera a decir adiós, no creo que esa gente mereciera tal muestra de respeto, aunque lo triste es que siempre hay alguien que cae en el engaño y de esta manera sigue la cadena.

       ¿Puede haber algo más despreciable que tratar de estafar a alguien que está sin trabajo aprovechándose de su desesperación? Bueno, se te pueden ocurrir cosas peores, como por ejemplo prostituir a tus hijos, grabarlo en vídeo y luego colgarlo en Internet. Por supuesto habrá quien diga que lo que he contado en el anterior párrafo no es delito, y no debe de serlo a juzgar por lo extendidas que están estas prácticas, después de todo nadie te pone una pistola en la cabeza y te obliga a comprar los dichosos productos. Pero la legalidad o ilegalidad del asunto no es la cuestión, ya entramos en el terreno de lo moralmente aceptable, de un mínimo de ética por así decirlo. Y ésta empieza a brillar por su ausencia en España en los tiempos que corren, empezando por los de más arriba, Familia Real incluida. Por eso no es de extrañar que nos encontremos en esta situación, con tantas y tantas personas sin posibilidad de acceder a un empleo mínimamente digno, víctimas potenciales de los infraempleos y las ofertas trampa. O te resignas o te marchas fuera a buscar una oportunidad en otro país, porque aquí no la tienen ni tan siquiera los grandes talentos o los mejores científicos; el caso de Diego Martínez, el mejor físico joven de Europa de este año, es especialmente sangrante. Sencillamente "su itinerario curricular no es lo suficientemente amplio" para merecer una beca de investigación ¿Y quién la merece? Con toda seguridad algún hijo o hija de papá enchufado que no tiene reparos en ocupar un puesto que debería pertenecer a otra persona mejor cualificada. Y así nos va, seremos lo que siempre hemos sido, un país de pandereta, folclóricas, procesiones, cachondeo, botellón, puticlubs y montañas de farlopa (llegamos a ser, y no sé si seguiremos siendo, los primeros en consumo por habitante; de algo sí podemos presumir). Todo ello aderezado con el esperpento mafioso de Eurovegas. Desde luego un futuro muy prometedor.


El último de la clase                       

                      
        

  

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